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CICLISMO

Se busca relevo para el heptacampeón Armstrong

Por Jesús RosellTiempo de lectura3 min
Deportes01-07-2006

A pesar del escándalo que ha rodeado al Tour en vísperas de su inicio, la ronda gala tiene ingredientes para ofrecer grandes etapas. No hay tantas llegadas en alto como en ediciones anteriores, aunque eso no le quitará emoción a la carrera. Sin grandes nombres como Jan Ullrich e Ivan Basso, entre otros, pero con ciclistas deseosos de hacer historia en tierras francesas. Al menos, el renombre de la carrera no parece que vaya a restar afición en las cunetas.

En los primeros días de competición, como viene siendo costumbre, los ciclistas se encontrarán con nueve etapas llanas, además del prólogo inicial. Por lo tanto, se presume que no exista un único dominador en la lucha por el maillot amarillo, habida cuenta de la guerra entre los velocistas, con el vigente campeón del mundo, el belga Tom Boonen, como uno de los favoritos a adjudicarse el mayor número de victorias posible antes de que llegue la montaña. La contrarreloj también será un factor que tener en cuenta, pues hay dos etapas cronometradas, en la séptima y –sobre todo– en la penúltima etapa, de 52 y 57 kilómetros respectivamente. La última, como ya sucedió en la Vuelta a España, se antoja importante a priori para resolver el ganador final o, al menos, los puestos de podio, si para entonces la montaña no ha dictado sentencia. Aunque no hay tantas llegadas en alto, ni mucho menos implica que se haya reducido el número de puertos. Hasta la décimo quinta etapa, tras la segunda jornada de descanso, no llegan los grandes y míticos puertos como L’Alpe d’Huez, el Tourmalet, Col du Galibier y Aspin, que deben reforzar o echar por tierra las aspiraciones de llegar a los Campos Elíseos vestido de oro. La etapa reina será la décimo sexta, que discurrirá entre Bourg d’Oisans y La Toussuire. La despedida de los Alpes se produce un día más tarde, con la llegada a Morzine, con los puertos de Aravis, Colombiere y el Joux Plane, a 12 kilómetros de la meta, por el camino. La reducción de las llegadas en alto le resta un poco de emoción a la carrera, ya que en los últimos años la mayor emoción con vistas a la clasificación general se reservaba en estas etapas. Será necesario esperar a que las tácticas de equipo puedan determinar la importancia que los directores atribuyan a las etapas rompepiernas, en las que puede salir alguna escapada importante. Finalmente, como es habitual, la última etapa discurre entre Antony y los Campos Elíseos de París, una vez decidido quién será el sucesor de Lance Armstrong. Para ello hay numerosos candidatos. Tras la exclusión de grandes favoritos como Jan Ullrich, Ivan Basso, Francisco Mancebo, implicados en la Operación Puerto, y del kazajo Alexandre Vinokourov, por la exclusión en bloque del Astana-Würth –además, el Tour ya había retirado la invitación al Comunitat Valenciana–, los nombres de corredores como George Hincapie, Levi Leipheimer, pero especialmente Alejandro Valverde, que llega como líder del circuito UCI ProTour, parten como grandes favoritos. Estos corredores son los responsables de eliminar, en la medida que sea posible, el lastre que el dopaje, ocho años después de la redada del caso Festina, ha dejado en un deporte que, como señalaba Eusebio Unzue, director deportivo del equipo Illes Balears, “está herido de muerte”. Sin embargo, los pronósticos se antojan difíciles como nunca. El corredor murciano, en su segunda participación, quiere demostrar –tras haber ganado la Lieja-Bastogne-Lieja– que también es fuerte en las grandes vueltas, una vez olvidada la retirada en la edición anterior por un problema en una rodilla.