MONTENEGRO
Montenegro: ¿una plataforma para los nacionalismos vasco y catalán?
Por Luis Miguel L. Farraces
2 min
Internacional28-05-2006
“Convertirse en una República independiente para después plantear su integración europea.” Esta frase contiene, además del objeto del referéndum planteado en Montenegro para su secesión de Serbia, un verdadero caramelo para los nacionalistas vascos y catalanes demasiado dulce como para desaprovecharlo. En la semana del plebiscito en los Balcanes, destacados políticos de la escena nacionalista en España han aprovechado la coyuntura para hacerse un hueco en los medios europeos comparando sus casos con los de las exrepúblicas yugoslavas. El Gobierno español ya ha dado la bienvenida al nuevo Estado de Montenegro, eludiendo eso sí establecer cualquier paralelismo con los nacionalismos en Euskadi y Cataluña.
“Comparar el caso de Montenegro con el caso de España raya el delirium tremens.” Estas eran las palabras del alto representante para la Política Exterior y de Seguridad de la Unión Europea, Javier Solana, al ser preguntado la pasada semana en una rueda de prensa sobre si el referéndum montenegrino podría convertirse en un precedente dentro de la Unión Europea dado el interés que la consulta ha suscitado entre vascos y catalanes. Asimismo, Solana recordó que el referéndum en el país balcánico es una oportunidad ofertada por la ONU desde 2002, año en el que se dio la oportunidad a todas las repúblicas exyugoslavas de separarse, algo que según el político europeo “desmarca este proceso de cualquier otro dentro de la UE”, en alusión a otros casos como el de Córcega. Mientras tanto, en España, el Gobierno ha respaldado la independencia de Montenegro por cumplir los requisitos que imponía Naciones Unidas mientras que el Partido Popular ha alertado de las semejanzas del plebiscito de independencia montenegrino con el referéndum del nuevo Estatuto catalán. La polémica viene servida a raíz de unas declaraciones del líder de Batasuna, Arnaldo Otegi hace tan sólo unas semanas en las que el político vasco expresaba que “si los partidos políticos de Euskal Herria logran alcanzar un acuerdo, sería posible celebrar un referéndum de este tipo” (en alusión al de Montenegro). Otegi también declaró que “la vieja amenaza de que la UE jamás admitirá la creación de un nuevo Estado dentro de su territorio queda invalidada” por el plebiscito en el país balcánico. Tal tesis también fue defendida por el líder de Esquerra Republicana de Cataluña, Josep Lluís Carod Rovira, quien además mostró su apoyo a la opción del “sí” y se dijo defensor de una “Europa donde Cataluña tenga voz como un Estado independiente. El principal requisito que se le exigió desde la ONU a Montenegro para que el “sí” a la secesión lograra sus objetivos tras el referéndum fue el de que para lograr tal objetivo, al menos el 55 por ciento de los votantes tenían que apoyar la independencia. En España, la convocatoria de un referéndum según la ley corresponde al Gobierno, a petición del presidente y debe ser ratificada en el Parlamento por mayoría absoluta. Con tal panorama, se hace difícil la viabilidad de un proceso semejante en España para satisfacer a los nacionalismos periféricos del país. El caso de Montenegro, no es ni mucho menos un precedente mundial. Procesos como el de la disolución de Checoslovaquia, la secesión de Timor Oriental de Indonesia o el jamás llevado a cabo plebiscito sobre el estatus del Sáhara Occidental han sido algunos de los muchos antecedentes que durante los años 80 y 90 han marcado de algún modo el renacimiento de Montenegro. Y es que según parece, los atlas están condenados hoy en día a nacer con fecha de caducidad.





