FRANCIA
La evolución del ‘caso Clearstream’ no impide gobernar al Ejecutivo
Por Salva Martínez Más
3 min
Internacional28-05-2006
La investigación del caso Clearstream, se encuentra “en la buena tradición de escándalos políticos franceses”, se leía en el editorial del Internacional Herald Tribune del miércoles pasado. Por eso mismo, “probablemente no habrá solución”.
Al margen de las apreciaciones del periódico estadounidense, los jueces Jean Marie d’Huy y Henri Pons siguen investigando las falsas acusaciones vertidas sobre personalidades de la política francesa en las que se les imputaba tener cuentas en la sociedad financiera luxemburguesa que da nombre al caso. También sigue ejerciendo su papel, en este caso, de revelador de los detalles de la trama, el diario Le Monde. En las páginas de su edición del martes pasado, el rotativo publicaba el contenido de dos cartas firmadas por Philippe Rondot, el general y ex espía de los servicios secretos que, según Le Monde, investigó a principios de 2004 las falsas cuentas del ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, en Clearstream por encargo de su principal rival político y ahora primer ministro, Dominique de Villepin, quien, daba órdenes en 2004 como ministro de Asuntos Exteriores y decía recibirlas del presidente de la República, Jacques Chirac. El destinatario de esas misivas era Dominique de Villepin y, en ellas se confirma algo que de momento se había desmentido desde el hotel de Matignon, la residencia del primer ministro francés, y desde el Elíseo, el palacio presidencial: la vinculación de Dominique de Villepin y de Jacques Chirac a la decisión de investigar a Nicolas Sarkozy. “Conviene actuar ‘con prudencia, en un marco secreto, teniendo en cuenta posibles manipulaciones políticas’ según las palabras del presidente tal y como me contaste”, escribe Rondot a De Villepin. Ésta es la última de las contradicciones a sumar al conjunto que se acumulan desde hace semanas entre la versión de los hechos que sostiene Le Monde y la de la cúpula del poder en Francia. Estos contrasentidos ya tienen efectos políticos. Hace dos semanas, cuando la Asamblea Nacional votó una moción de censura contra el primer ministro propuesta por la oposición, se evidenciaron las fisuras del partido gubernamental, la Unión por un Movimiento Popular, (UMP). Casi la mayoría de los diputados conservadores prefirieron no asistir a la votación, lo que no impidió que la moción de censura no pasara, porque la izquierda no tiene suficientes voces para imponer semejante iniciativa. Las diferencias en su partido no han inhabilitado a De Villepin como primer ministro. Es más, éste anda lanzado en las tareas de Gobierno. La semana pasada, De Villepin se reunió en tres comités interministeriales para demostrar lo que ya anunciaba en su viaje a la Isla de Reunión, el pasado 19 de mayo, a saber, su “voluntad de acción y de resultados pese a las diferencias y divisiones”. Consecuencia directa de este voluntarismo ha sido su más que satisfactoria gestión del cierre de Sogerma, sociedad de mantenimiento aeronáutico cuya casa madre es el consorcio europeo EADS. Aprovechando la participación del Estado francés con un 15 por ciento en esa sociedad, De Villepin prometía a principios de la semana pasada “hacer todo para conservar la actividad en Sogerma”. Mientras, entre los 1.100 trabajadores reinaba una cierta incertidumbre. “No sabemos si lo que él nos ofrece es una cuerda para ahorcarnos o la última solución”, decía uno de los empleados. No fue ni lo uno ni lo otro. Pero la alianza del 15 por ciento del Estado francés con el 7,5 por ciento del también accionista francés de EADS, Arnaud Lagardère, del Grupo Lagardère, pesaron mucho en el compromiso del consorcio EADS con Sogerma. Gracias a ese acuerdo alcanzado el jueves pasado, la filial seguirá abierta con 500 trabajadores. El resto de las personas serán reubicadas a excepción de 100 que serán prejubiladas. Más difícil lo tiene Philippe Rondot para desviar la atención sobre su implicación en el caso Clearstream. Rondot ha optado por la estrategia del silencio. El lunes pasado, la Policía sacó de su casa al ex espía para llevarlo frente a Jean Marie d’Huy y Henri Pons. No quiso decir nada. Aun así, la investigación sigue su curso.





