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TURÍN 2006

“La acción contra el dopaje no ha sido indiscriminada, sino vigilante”

Por Lorenzo Martínez (Efe)Tiempo de lectura6 min
Deportes26-02-2006

El presidente del Comité Organizador de Turín 2006 (Toroc), Valentino Castellani, se mostró muy satisfecho del transcurso de unos Juegos que, como no duda en confesar, tuvieron como inspiración el modelo de Barcelona 1992.

¿Cuál es su balance de los Juegos? ¿Se ha pasado el disgusto de que estaban haciendo unos Juegos muy locales y poco italianos? Debo decir que estoy muy, muy satisfecho. Hemos respondido bien ante todos los problemas, por ejemplo el de los transportes. Creo, sinceramente, que salvo episodios aislados, que es normal, en este aspecto han ido bien las cosas. El sistema ha funcionado bien, ninguna prueba ha empezado con retraso, salvo por las inclemencias del tiempo, y hemos recibido felicitaciones. La ceremonia de apertura fue bella y era importante para empezar con buen pie. A ello, y me causa placer al haber sido alcalde de Turín, hay que unir la extraordinaria respuesta de la ciudad, que ha sido excelente. Hemos demostrado que el Piamonte y Turín son capaces de realizar cosas grandes. Al margen de esto, todo ha sido fruto de una labor de equipo. Después de Atenas 2004 se inició esa polémica y creo que sería bueno, empezando por los medios de información italianos, hacer autocrítica. Turín, en particular el Toroc, no pensó nunca en hacer unos Juegos turineses o piamonteses. Siempre dijimos que eran los Juegos de Italia. Pero también habría que hacer al revés la pregunta: ¿Cuándo Italia se dio cuenta de que eran unos Juegos italianos?, creo que sólo en la última semana previa al inicio de los Juegos. Pero además acusó al propio Comité Olímpico Italiano (CONI). Se nombró a Mario Pescante como supervisor del Toroc y usted amenazó con dimitir del cargo a sólo tres meses del inicio de los Juegos. Existió un problema de comunicación. Es verdad que en el plano meramente organizativo, no hubo inicialmente grandes conexiones con el poder central, el Gobierno y el Parlamento. Sí, desde el inicio, en el plano de las infraestructuras. Se creó en un cierto momento el riesgo de una separación entre quién se ocupaba de la organización, el Toroc, y el Gobierno nacional, que se ocupaba de la infraestructura. En este sentido, ha sido positiva la llegada de Pescante como supervisor del Gobierno y elemento de conexión con el poder, para resolver y gestionar problemas como la seguridad y el dopaje, o el de recursos añadidos en relación al coste de la organización. Mi amenaza de dimisión fue una toma de posición personal no sobre la llegada de Pescante, sino de su papel. Yo no podía aceptar, y no lo acepté, que su rol fuese sustitutivo del presidente del Toroc. Siempre he pretendido que mi función tuviera siempre autonomía. Como en la primera aproximación de este nombramiento no quedó claro e incluso parecía que su designación fuese de hecho una sustitución del presidente del Toroc, en ese momento dije que me marchaba, pues no deseaba ser una figura decorativa. Creo que esa toma de posición dio sus frutos y con Pescante hemos trabajado en colaboración y gran armonía. Otros problemas previos fueron las protestas de los grupos antiglobalización, la seguridad y la ley sobre dopaje, que no gustaba al Comité Olímpico Internacional (COI). El viaje de la antorcha por toda Italia fue un éxito extraordinario, el evento (sic) más grande vivido por todo el país, con cinco o seis millones de personas apoyando su paso. Pero faltó en los medios informativos una cobertura nacional, sólo la hubo en los medios locales. A escala nacional sólo se resaltaron los intentos de parar el recorrido y las protestas. Se perdió, en mi opinión, una ocasión extraordinaria de implicar a toda Italia en los Juegos. La seguridad ha ido bien. He visto además, con satisfacción, alzarse el nivel de vigilancia, algo que es bueno, pues cuando todo va bien se corre el riesgo de relajarse y sería malo. En cuanto al dopaje, incluidos los registros en la delegación de Austria, doy una lectura positiva en el hecho de que han colaborado juntos el COI y la Policía. Se ha tratado de una acción no indiscriminada sino vigilante, por la presencia de Walter Mayer –que fue apuntada por la Agencia Mundial Antidopaje (AMA)– no dentro de la villa de atletas, que es donde el COI puede intervenir, sino en alojamientos privados. Por tanto, para cualquier intervención que el COI desease hacer debía contar con la colaboración de las autoridades judiciales italianas. La colaboración era temida antes del inicio de los Juegos y ha funcionado. Además, se ha puesto en evidencia el deseo del COI por eliminar el problema del dopaje. ¿Habrá también una pesada herencia económica en la ciudad por los Juegos? ¿Cuáles eran sus mayores preocupaciones previas? ¿Cambiaría algo de lo realizado? En absoluto, Los costes de las infraestructuras están cubiertos y no hay problema de gastos que se puedan elevar para el futuro. Los organizativos igualmente, pues teníamos un modesto desequilibrio del tres por ciento del total, unos 40 millones de euros, y la ciudad de Turín ha decidido cubrirlo mediante la venta de parte del patrimonio olímpico, como son una parte de los apartamentos que han servido de villas. Al inicio, nos hacían estar más atentos dos desafíos: el transporte y la ceremonia de apertura. Sabíamos que si la ceremonia gustaba habríamos ganado la mitad el recorrido, pues se iba a hablar sólo en los dos o tres días siguientes de su belleza e impacto, y ello nos permitía afrontar con tranquilidad los pequeños problemas que surgiesen. Fue todo bien, gustó y respiramos muy hondo. Por decir algo, quizás haría una estrategia con mayor determinación, con una implicación más fuerte de todo el país, con mayor eficacia, un trabajo de equipo más fuerte desde el inicio. Siendo usted alcalde de Turín cuando se concedieron los Juegos a la ciudad, habló de que se fijaba en los de Barcelona 1992 como modelo. Así fue. Cuando a finales de 1997 nos propusimos la idea de la candidatura de Turín, fui a Barcelona a encontrarme con el entonces alcalde, Pasqual Maragall, al que conocía muy bien y que es mi amigo, sin decírselo a nadie. Estuve allí un fin de semana, en donde me llevó a ver muchas de las cosas hechas para Barcelona y hablamos sobre qué hacer y cuales no. El modelo Barcelona lo estudiamos a fondo, como el de Albertville de ese mismo año en el aspecto de la montaña, pues los españoles fueron unos juegos estivales. Pero el mensaje lo recuerdo muy bien y lo seguí. Me dijo que los Juegos tendrán éxito si forman una parte del medio y largo periodo de la ciudad, sólo si los Juegos están dentro de un proyecto de ciudad tendrán éxito. Si el evento predomina, entonces las cosas no funcionarán. Lo seguimos y por eso tomamos decisiones quizás no tan lógicas para los Juegos, pero sí para la ciudad. Razonamos mucho en términos de herencia olímpica.