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BALONMANO

Francia: espíritu colectivo para ¬estrenarse¬ en un Europeo

Por Alejandro G. NietoTiempo de lectura2 min
Deportes05-02-2006

El espíritu de equipo, favorecido por las rotaciones, ha convertido a Francia en un conjunto sólido y sin apenas fisuras, en el que todos sus hombres remaron por un objetivo común. El excelente rendimiento del guardameta Thierry Omeyer y la rapidez de los contraataques han sido algunas de las claves que han llevado a los bleus a conseguir en Suiza su primer título en un Campeonato de Europa.

La selección francesa ha sido uno de los conjuntos dominadores del balonmano en los últimos años, pero hasta ahora nunca había brillado en un europeo. Los bleus, campeones del mundo en 1995 y 2001, y subcampeones en 1993, disputaron en Suiza su primera final en el torneo continental con todo merecimiento. Pese a encontrarse con un vacío generacional en posiciones tan importantes como la de central, tras la retirada del ilustre Jackson Richarson, el técnico Claude Onesta ha conformado un bloque sólido en el que cualquier jugador puede suplir con garantías a un teórico titular. De hecho, las lesiones en la posición de lateral derecho las ha sabido suplir con el cambio de posición de Jerôme Fernández y la recuperación del veterano Joël Abati, ambos espléndidos a lo largo del campeonato. La profundidad del banquillo le otorgó una ventaja decisiva en partidos como la semifinal contra Croacia, en que la frescura física en los minutos finales resultó crucial. Una defensa casi infranqueable, liderada por el veterano Didier Dinart, y un portero de lujo fueron los cimientos en los cuales se asentó el juego francés. El sistema defensivo 5-1, con Nikola Karabatic o Bertrand Gille como avanzados, permite lanzar los contragolpes a los extremos Michael Guigou y Luc Abalo, velocísimos. Cuando han optado por una defensa 6-0, muy trabajada, las ayudas y la intensidad han ahogado por completo los ataques rivales. Incluso cuando el contrario consigue un buen lanzamiento se topó con un Thierry Omeyer que, con porcentajes tan extraordinarios como el 49 por ciento de efectividad contra Croacia, fue elegido mejor portero del campeonato. Una primera línea repleta de cañoneros con visión de juego como Karabatic, Fernández y Abati, junto con el lateral izquierdo Daniel Narcisse, constituyó la principal baza ofensiva del campeón. Aunque el central Guillaume Gille no resulta tan desequilibrante e intuitivo como lo fue Richardson, los laterales suplen esa carencia ayudando a abastecer de balones al pivote. El beneficiario de estas asistencias, Bertrand Gille, es otra de las claves del juego ofensivo. Más rápido e inteligente que la mayoría de pivotes, Gille puede lanzar también desde el exterior y con una gran efectividad. Asimismo, Onesta ha demostrado una gran capacidad para aprender de sus errores: tras perder en la fase de grupos contra España, demostró tener muy estudiado a los de Juan Carlos Pastor y supo adaptar perfectamente su defensa a las necesidades del encuentro.