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IRAQ

La violencia y los secuestros acechan la democratización iraquí

Por Marta Aguilera JiménezTiempo de lectura1 min
Internacional15-01-2006

Desde la caída de Sadam Husein en 2003 miles de civiles iraquíes han sido secuestrados por diferentes grupos, la mayoría por bandas criminales dedicadas a la extorsión. Más de 200 occidentales se han visto afectados, de los cuales 50 perdieron la vida. Los primeros casos fueron especialmente sangrientos: los secuestradores grababan la muerte de sus víctimas y después la distribuían por las televisiones árabes. Estos vídeos se convirtieron en una arma para atemorizar a los contratistas y extranjeros que trabajaban en Iraq.

El último secuestro tuvo lugar el pasado fin de semana. La periodista estadounidense Jill Carroll, enviada especial del diario The Christian Science Monitor, fue secuestrada en el barrio de Adel, al oeste de Bagdad, cuando se dirigía a una cita con Adnan al Dulaimi, político suní. Según Reporteros sin Fronteras (RSF), organización internacional dedicada a la defensa de los informadores y del derecho a la información en el mundo, unos desconocidos bloquearon el paso del vehículo. Sacaron de un empujón al chofer y se introdujeron en el coche junto a la periodista y su intérprete, al que asesinaron. Jill Carroll ha pasado a engrosar la lista de periodistas iraquíes y extranjeros secuestrados desde el final de la guerra. El anterior fue el de la alemana Susanne Osthoff, liberada el 18 de diciembre tras permanecer tres semanas retenida. Algunos medios aseguran que Osthoff tenía contactos con el régimen de Sadam Husein, e incluso se ha llegado a insinuar que pudo haber estado involucrada en su propio secuestro. Además, coincidiendo con el Día Nacional de la Policía en Iraq, el pasado lunes, la red terrorista Al Qaeda perpetró un doble ataque suicida. Se saldó con la vida de 29 personas a las puertas del Ministerio de Interior de la capital iraquí. Los dos terroristas sortearon los fuertes controles de seguridad vistiendo uniformes policiales y mostrando los pases pertinentes. Según algunas fuentes, pudieron incluso alcanzar la tribuna de autoridades en la que se encontraban el embajador estadounidense en Iraq, Zalmay Jalilzard, y los ministros iraquíes de Interior y Defensa, Bayan Yabr y Sadum Duleimi. Ninguno de ellos fue alcanzado por la detonación. Casi al mismo tiempo, Jalid Hazaa al Bayaati, juez iraquí encargado de casos de terrorismo, fue asesinado por un grupo de hombres armados en Kirkuk, al norte del país.