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ARTES ESCÉNICAS

¬El retrato de Dorian Gray¬ llena los teatros con un reparto de lujo

Por Alba Rodríguez SantosTiempo de lectura3 min
Cultura22-01-2005

Bajo la dirección de María Ruiz, la novela que habla de la culpa y la inocencia, de la pura belleza y la moral más íntima, de vender el alma al diablo para conseguir a cambio la eterna juventud, se llena de vida en los escenarios con un reparto de diez personas que, durante dos horas, introducen al espectador en un mundo cargado de las pasiones y pecados más profundos del ser humano.

El Teatro Liceo de Salamanca estrenó la obra el pasado 15 de enero. En la taquilla llevaba colgado el cartel de “entradas agotadas” desde varios días antes de la representación, y la función que inauguraba el año nuevo teatral en la ciudad no defraudó a los aficionados del teatro. La Fundación Municipal de Cultura de Salamanca acertó de pleno con el gusto de los salmantinos, pese a la falta del esperado Eloy Azorín en la que hubiera sido su estreno como actor teatral en la ciudad. El joven actor, conocido por su participación en películas como Todo Sobre Mi Madre o la serie televisiva Hospital Central, fue sustituido por Alejandro Navamuel. El Retrato de Dorian Gray es un drama espectacular que lleva al público desde la carcajada inteligente a las reflexiones más profundas. Dorian representa los sueños y preocupaciones de todos los tiempos... Con la innegable firma de Oscar Wilde desplegándose en cada una de las frases, el texto refleja la naturaleza humana, la degradación, el hedonismo, la libertad, el miedo, la reflexión... Una temática y una realidad implacables que los críticos supieron reconocer cuando, ya poco después de la publicación de la novela, escrita por encargo en el año 1891, lanzó el nombre de Oscar Wilde a la lista de literatos más destacados de la historia. Y es que las letras del maestro han sabido mantenerse implacables a lo largo de los años; algunas por su sátira social, otras por lo poético de sus textos. El personaje de Dorian Gray está cargado de filosofías de vida contrapuestas, de casi todo lo que un hombre puede conllevar: pasión y frialdad, amor y odio, vida y muerte... una locura y cordura como pocas, reunidas en un solo frasco. Dorian trae consigo la conciencia de cada cual en sus momentos más débiles; un sentimiento de insensibilidad que se implanta en el alma a medida que pasa el tiempo; y los acontecimientos, no contentos con marcar el alma, comienzan a bordar huellas implacables en la piel. Dorian esconde su cuadro como los hombres esconden sus secretos más profundos: “un fiscal que me acusa, el verdugo que me castiga. Para mí no habrá más cadena que ese cuadro, contemplado frente a frente durante toda una eternidad”. La interpretación de Alejandro Navamuel, a pesar de que faltan tablas, logra transmitir lo mejor del personaje gracias a un texto perfectamente adaptado por Fernando Savater. Los nueve actores restantes que forman la plantilla consiguen unos buenos resultados. El veterano José Luis Pellicena demuestra, una vez más, su valía sobre el escenario y sabe dar al personaje de Lord Henry Watton ese halo de ironía y sabiduría que hace de su papel, el más entrañable y alabado de la obra. Sus consejos, la desconfianza, la emoción y el humor sarcástico envuelven al personaje de magia. Con una de sus frases bajamos el telón y deseamos, como buenos seguidores del teatro, ya se sabe “mucha mierda”: “El crimen es una vulgaridad, igual que la vulgaridad es un crimen”. Es por ello que en El retrato de Dorian Gray se borda la sofisticación, el buen estilo y un texto marcado por dos plumas de innegable talento.