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La desdicha de una moneda fuerte

Por Ana Romero VicenteTiempo de lectura2 min
Economía01-01-2005

Quizá no esté en su mejor momento, y además peque de ambiciosilla- no ha parado de revalorizarse-, pero no por ello hay que dejarla sin fiesta de cumpleaños. La moneda única europea acaba de hacer tres años desde que se puso en circulación en los países de la eurozona, y ya tiene a sus espaldas unas cuantas aventuras, y también desventuras, que contar.

En realidad el euro es unos años más viejo, y si destaca por algo es porque su patrón, el Banco Central Europeo (BCE), siempre ha actuado con total independencia respecto a otras instituciones, a pesar de las muchas presiones. Y si no, que se lo pregunten a su dirigente actual, Jean Claude Trichet, que, desde que aceptara el cargo, ha tenido que sortear miles de propuestas, y en algunos casos exigencias, todas enfocadas a subir los tipos de interés. Y aun así, siempre convencido de que todavía no era el momento, los mantuvo en el mínimo histórico del dos por ciento. No obstante, la revalorización del euro en lo que va de año podría justificar éstas peticiones. En los últimos 12 meses, el valor la moneda única respecto al dólar se ha incrementado un 8,61 por ciento. Han sido muchos los vaivenes, incluso el último día del año llegó a intercambiarse por 1,366 dólares, y se ha temido por el crecimiento de la eurozona, ya que, ante una fuerte subida de la divisa, el Producto Interior Bruto (PIB) acaba mermando. Pero a una cara mala le sigue otra buena. Un euro fuerte afecta a las exportaciones, pero también se importa más barato. Además, ha habido muchos factores externos que han abocado al euro a sufrir estas alzas, como los indicadores de Estados Unidos, que han sido más malos que buenos, y el miedo a nuevos ataques terroristas. Pero a la moneda única aún le queda mucho por vivir. Fue rechazada por los británicos, pero los 10 nuevos socios europeos recientemente incorporados podrán adoptarla pronto si cumplen las condiciones establecidas. Larga vida para el euro, eso seguro.