DESASTRE NATURAL
El maremoto pasa a la historia de las grandes catástrofes

Por Berta Barona
2 min
Sociedad02-01-2005
El 26 de diciembre se produjo un terremoto de magnitud 9 al norte de la isla indonesia de Sumatra. Fue el más potente de los últimos 40 años y el quinto desde 1990 y provocó olas gigantes que se desplazaron a 500 kilómetros por hora.
A esa velocidad tardaron una hora en llegar a Indonesia y seis a Somalia, en la costa oriental de África y a 5.000 kilómetros del epicentro del seísmo, y lo arrasaron todo a su paso. Las olas gigantes, o tsunamis, invadieron las costas de 11 países del sur y sureste asiático y de África y dejaron cerca de 130.000 fallecidos, y cinco millones de afectados. Se estima que el número real de muertos alcance los 150.000. Los países afectados son, por este orden: Indonesia, Sri Lanka, India, Tailandia, Somalia, Birmania, Maldivas, Malasia, Tanzania, Bangladesh y Kenia. La ayuda internacional destinada a la zona alcanza los 2.000 millones de dólares, según los datos de las Naciones Unidas. Japón está a la cabeza de los donantes con 500 millones. Le siguen Estados Unidos, Reino Unido, Suecia y España, que destinará 68 millones. La asistencia es una tarea complicada porque las redes de transporte han sido engullidas o destrozadas por el agua. Las agencias humanitarias están llegando sobre todo en helicópteros, embarcaciones y camiones para repartir agua, comida, medicinas y otros bienes necesarios. También se ha movilizado a cuerpos militares y de defensa civil, imprescindibles para llegar a las zonas menos accesibles. Los mayores problemas logísticos se localizan en Indonesia, Sri Lanka y Maldivas. La cifra de fallecidos podría aumentar como consecuencia de las enfermedades. Se están produciendo brotes de cólera y disentería, males respiratorios y de piel y diarreas por la mala calidad del agua y la descomposición de los cuerpos. Por ello la asistencia a los habitantes de la zona va a durar varios meses. Hay numerosas organizaciones a través de las cuales los ciudadanos pueden colaborar económicamente con las tareas de asistencia. El dispositivo para hacer frente a los estragos de este siniestro es el mayor de toda la historia de las Naciones Unidas. Junto a las pérdidas humanas se contabilizan miles de millones de dólares de pérdidas materiales y el desequilibrio del ecosistema del Océano Índico, que tardará siglos en recuperarse.





