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EL REDCUADRO

Nuestra imposible "Casablanca"

Fotografía

Por Antonio BurgosTiempo de lectura2 min
Opinión01-08-2004

Será en Haití, no en Larache o en Tetuán. Un oficial español volverá a mandar tropas marroquíes. Pones a Alfredo Mayo y le echas de novia a Amparo Rivelles y te sale una película o una copla de Juanito Valderrama: "Cuando por los campos de verdes chumberas..." La nostalgia literaria y estética del Protectorado de Marruecos. Nuestro "Casablanca". Unas "Memorias de Africa" sin Paul Bowles. A nuestro cine y a nuestra literatura se les van las mejores. Tenemos por descubrir todo el ciclo colonial español contemporáneo. Ese universo estético de nuestra "Casablanca" sonó en la emocionante habanera de Enrique Llovet y J. Halpern en "Los últimos de Filipinas": "Cada vez que el viento pasa se lleva una flor,/ pienso que nunca más volverás mi amor". No volvió el viento del rescate. Los últimos españoles coloniales quedaron en Filipinas, olvidamos a los de Marruecos o Guinea. En "La forja de un rebelde" de Arturo Barea se adivina ese paisaje humano de la España colonial, pero el fondo de guerra y el hedor de los cadáveres de Monte Arruit te impide saborear las mil historias de amor, el mundo de los aventureros, de los pícaros, de los truhanes. Antes de la independencia de Marruecos, los mozos de reemplazo eran enviados a hacer el servicio militar en unidades militares de guarnición en el Protectorado. El día del sorteo, en cada caja de reclutas, se escribía una versión popular de esa literatura y ese cine que nos falta. A los quintos que les había tocado Marruecos les pintaban con tiza en la espalda una palabra mágica, "Africa"; y, debajo, un cuadro "naif" de palmeras y camellos. La soldadesca estaba escribiendo en verdad la leyenda del prestigio estético de un Africa colonial que despreciaron nuestros novelistas, quizá con la excepción del tangerino Angel Vázquez, el de Juanita Narboni. Si los ingleses o los franceses hubieran estado en Larache y en Fernando Poo, en Bata y en Alhucemas, ¿se imaginan qué hermoso y refinado ciclo de novelas y películas tendríamos ahora, con un fondo colonial de exiliados republicanos en el Tánger internacional y pícaros malagueños convertidos en traficantes de armas para los independentistas marroquíes? Nuestra cultura no da aviones de Lisboa en los que tiene que embarcar la libertad, ni zocos de amores y aventuras de Paul Bowles. Nuestra cultura da el complejo de inferioridad del olvido, como si nos avergonzáramos de haber sido en Marruecos ni más ni menos que lo mismo que la Francia de "Casablanca".

Fotografía de Antonio Burgos

Antonio Burgos

Columnista del diario ABC

Andaluz, sevillano y del Betis

** Este artículo está publicado en el periódico ABC y posteriormente recogido de AntonioBurgos.com por gentileza del autor