ANÁLISIS DE LA SEMANA
Bicicletas y plástico azul

Por Almudena Hernández
2 min
Sociedad01-08-2004
Mientras muchos se cabrean cada vez que tienen que adelantar a uno de esos coches de matrícula extranjera hasta los topes de embalajes azules, bastantes de ellos siguen cayendo como chinches en las carreteras. No respetan las señales, la velocidad máxima permitida ni la distancia de seguridad. Y encima miran de reojo con gesto chulesco a los que viajan más lento, con peores coches y desde más lejos envueltos en plástico azul. Algunos de esos locos de la carretera se atreven a ir con un brazo en la ventanilla, mientras fuman un cigarrillo cuya colilla acabará en la cuneta. Y España en llamas... O quizás beben un refresco, cuyo envase luego tiran al arcén de la carretera, objetivo fácil para un rayo de sol metido a pirómano. Además de locos son unos guarros que no se preocupan por el daño que puede hacer su chulería cuando la ley de la gravedad ejerce su peso sobre el acelerador del coche o por las consecuencias de una colilla mal apagada en el pasto de los campos españoles. Mientras la jet set veranea en Menorca y en un plis el avión privado les lleva hasta la isla, los del plástico azul se tiran días para cruzar parte de Europa, embarcar y atravesar el mar hasta el norte de África. Se han ganado el descanso, del que han de volver en pocas semanas cuando, deshecho de nuevo el camino del paso del Estrecho, las aguas del día a día vuelvan a su cauce turbio. No es pequeña la tempestad que se avecina este otoño en el debate ético de los españoles: los matrimonios entre homosexuales, la violencia doméstica, la reforma de Tráfico, la Comisión de Investigación del 11-M, el papel de los niños dentro de la familia -¿qué pintará para entonces la familia para el Gobierno?, las operaciones de cambio de sexo... Para entonces, habrán regresado los miles de vehículos que han cruzado nuestras carreteras cargados hasta los topes y, en lo más alto del bulto de plástico azul, una, dos, tres bicicletas que los niños europeos tiraron a la basura. Seguro que los norteafricanos las dan utilidad con una sonrisa pintada en la cara. Muchas veces conviene ir más despacio para no romper ni el coche, ni las bicicletas ni la ilusión de un niño. Cuídense mucho. Feliz agosto.
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Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo






