SIN ESPINAS
Periodo estival

Por Javier de la Rosa
1 min
Opinión11-07-2004
Llega el verano. Es tiempo de asueto, de tranquilidad, de paz merecida. De mirar a la luna llena en las noches despejadas. De que la brisa templada de la costa acaricie tus mejillas y el paso del viento te alborote el cabello. De que el agua salada limpie nuestra piel atormentada y reseca por la contaminación urbana. De meter los dedos entre la arena fría por debajo y caliente por encima. Es tiempo para tomar el gazpacho bien fresquito, para echar una buena siesta a la sombra que mejor cobija. Y por la noche saborear las sardinas a la plancha de una pesca reciente. Dormir con la fresquita, jugar al mus o al dominó con los amigos, tomar el café con hielo, agotar las madrugadas planificando el año siguiente, leer un libro a media tarde con la puesta del sol de fondo. Reducto de tranquilidad en nuestra ajetreada existencia, cada vez más ruidosa, más veloz, más kamikaze. Los antiguos creían que nos desintegraríamos si el tren pasaba de los 30 a los 70 kilómetros por hora, pero son las autopistas de la información las que nos están matando, saturando, enloqueciendo. Demasiado ruido y pocas nueces. ¿Es posible cargarse de paz un mes al año? ¿Es posible vivir los otros 11 sin perderla? ¿De donde viene la paz?






