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APUNTES DE BANQUILLO

Futuro y pasado olímpicos... sin presente

Fotografía

Por Roberto J. MadrigalTiempo de lectura2 min
Deportes27-06-2004

En su camino de regreso a Atenas, después de pasar por los cinco continentes, la antorcha olímpica pasó por España, que para no perder la costumbre, fue diferente. Madrid miraba hacia el futuro y aprovechó para seguir vendiendo su candidatura a los Juegos de 2012, aunque fuese bajo cuerda –el Comité Olímpico Internacional lo prohibía expresa y tajantemente–, con pequeños detalles como el viaje de la antorcha en metro hasta el centro de la ciudad, la escolta de los relevistas con caballos y bicicletas, el paso de la comitiva por el parque del Retiro… todo ello bajo el lema de la “pasión olímpica”. Mientras, en Barcelona prefirieron echar la mirada atrás y recordar los Juegos de 1992. La montaña mágica de Montjuïc fue el alma de la fiesta, el principio y final de un recorrido larguísimo, de casi 50 kilómetros. Como no podía ser de otro modo, los relevistas visitaron además el –bastante denostado últimamente– Fórum de las culturas. Dos formas distintas, complementarias, de poner al día los valores del altius, citius, fortius –más alto, más lejos, más fuerte– que son el alma del movimiento olímpico. Pero tampoco hay que engañarse y pensar que todo fue una demostración de espíritu olímpico: la acogida fue buena, pero ni mucho menos supuso una invasión de las calles. Quedó patente que el interés de la visita, al menos en España, fue más por intereses políticos –también por recordar a los ex deportistas y a algunos otros personajes de mayor o menor relevancia pública y cultural, de paso, con los relevos– y, por supuesto, los comerciales, con una larga caravana de patrocinadores. Esto de la antorcha no acaba de aterrizar en las preocupaciones de cada día del ciudadano de a pie. Después de todo, puestos a verle el lado útil, el paso del fuego olímpico bien podía haber sido una ocasión inmejorable para asentar el planteamiento de las selecciones nacionales y autonómicas. Pero los intereses generales que promueve el Consejo Superior de Deportes (CSD) parece que no estaban en la lista de prioridades. El recibimiento de la antorcha, centrado en dos ciudades y no en todo un país, ha resultado casi más un lavado de cara que una ocasión para el debate y el diálogo, porque lo que queda claro es que Madrid y Barcelona, aunque tengan un talante tan distinto, tienen mucho en común. No habría estado de más que lo hubiesen recordado, porque por mucho que se quiera disfrazar con vestidos distintos –o negar… que aunque no ha sido el caso, más de uno seguro que estuvo tentado–, el espíritu olímpico es un elemento de unión entre todas las regiones y ciudades de España.

Fotografía de Roberto J. Madrigal