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SIN ESPINAS

Mentalidad de español

Fotografía

Por Javier de la RosaTiempo de lectura2 min
Opinión21-06-2004

Pensar que, si le hubiéramos metido un gol más a Rusia, ahora estaríamos clasificados, no me consuela. Simplemente, es un indicador más para darme cuenta de que España no tenía jugadores para aspirar a demasiado. Durante el partido ante Portugal, los aficionados estuvimos demasiado pendientes del Grecia-Rusia y eso es otro índice de la verdadera confianza que teníamos todos. La mentalidad es mucho en el fútbol y la mentalidad de España no es ganadora. La historia de los pueblos influye en su mentalidad tanto como el clima o la geografía. Y nuestra historia futbolística es ya una losa demasiado pesada para que afrontemos los partidos y los torneos como los deberíamos afrontar. Si no, ¿cómo se explica que inmediatamente después de que Portugal marcara el espíritu del esquipo español cabiara totalmente? España se ha distinguido siempe por la furia que en los momentos clave rellenó nuestras lagunas tácticas y técnicas. Pero, de un tiempo a esta parte, esa furia se ha debilitado casi tanto como el sentimiento español. Siento mucho la caída de nuestra selección porque siempre que la veo jugar experimento una comunión muy especial con mis compatriotas y saboreo el dulce sentimiento de lo que significa pertenecer a mi nación. Un sentimiento que, además, no está impregnado de ningún contaminante bélico ni de ninguna falsa exacerbación de las cosas. Escuché emocionado en la retransmisión del partido a españoles sanos y de pura raza como José Antonio Camacho; y su optimismo y fe por la victoria española, a pesar de que íbamos perdiendo, me descubrió las esencias de lo hispano. No nos engañemos, no teníamos ni demasiado técnica ni genialidad alguna ni portentos físicos ni éramos el equipo más compacto y más rodado de la Eurocopa. Pero, además, empezamos a no tener jugadores capaces de pensar y de sentir que no habrá otra cosa más grande en su carrera que ganar con la camiseta de España. De esa clase que a veces tira pa´lante lo diga o no el entrenador porque, de lo que se trata, es de perforar la portería contraria. Los periodistas deportivos siempre nos venden de una novia muy bonita porque una novia guapa vende más periódicos y revistas que una fea. Por eso al final nuestra frustración la noche de bodas es mayor. Pero repito, más allá de entrenadores o de estrellas venidas a menos, hace falta más camachos en nuestras filas. En las de la Selección española y en las de los sillones del Congreso de los Diputados.

Fotografía de Javier de la Rosa