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ANÁLISIS DE LA SEMANA

Deudas

Fotografía

Por Gema DiegoTiempo de lectura2 min
Economía19-06-2004

A nadie le gusta que le llamen moroso, y menos que le recuerden que no ha pagado las tapas que se tomó en aquel bar, o que sigue debiendo esos eurillos que le prestaron para coger un taxi o hacer la compra. Colgarse públicamente la etiqueta de “deudor” no es plato de gusto. Por eso, el anterior gobierno, el del Partido Popular, se dedicó a esconder debajo de la alfombra las deudillas que impedían ese milagro de la aritmética que es el déficit cero en los Presupuestos Generales del Estado. Sólo Dios sabe las horas que Rodrigo Rato y Cristóbal Montoro le echaron a las cuentas estatales para cuadrar gastos e ingresos. Los cafés que se bebieron sus asesores políticos mientras les preparaban la defensa de los presupuestos en el Congreso. El cúmulo de lindezas varias que intercambiaron con la oposición. Y, por fin, tras unos cuantos ensayos, el Gobierno le cogió el punto a la receta para que los presupuestos quedaran cociditos y en su punto. Anda que no costó edificar el entramado contable equilibrado para que ahora llegue el PSOE y lo tumbe de un soplo. Pof. Se cayó. Yo no quería, pero es que estas cuentas del 2004 tenían más agujeros que un queso gruyère. Montoro lo sabía cuando presentó los últimos presupuestos de la era Aznar, e hizo oídos sordos a las ideas (algunas descabelladas, eso sí) del resto de las formaciones con representación en el Congreso. Ahora ha llegado Pedro Solbes y ha destruido la férrea presión del déficit cero conseguido año por año. La Ley de Estabilidad Presupuestaria ha cambiado de pelaje. En el 2004 ya no podrá ser. Apareció un 0,9 por ciento que estaba enmascarado con el superávit de la Seguridad Social y expulsado fuera de las cuentas públicas. Una vez que se ha pagado a Andalucía, ya está claro que lo del equilibrio presupuestario tendrá que ser para el 2005. De momento, Solbes ha aumentado la previsión de gasto público y, además, ha dado a las autonomías la posibilidad de tener presupuestos deficitarios si justifican la causa. Lo que no ha sentado nada bien al PP. Claro, es que a nadie le gusta que le saquen los colores llamándole mentiroso además de moroso.

Fotografía de Gema Diego