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SIN ESPINAS

Los argumentos del cambio

Fotografía

Por Javier de la RosaTiempo de lectura3 min
Opinión16-05-2004

Las medidas socialistas para abordar un nuevo “cambio” en nuestra sociedad no dejan de sorprender por esperadas que fueran. Pero, sobre todo, sorprenden los argumentos que están ofreciendo para justificarlas políticos con altas responsabilidades de Estado y a los que se les presupone una cierta preparación intelectual. Empezando por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, al que se le puede catalogar como el padre del talante sin talento y el hijo primogénito del espíritu posmoderno. Zapatero recibió el pasado jueves la primera visita de un jefe de gobierno a La Moncloa desde que tomó posesión de su cargo. Era el primer ministro belga, Guy Verhofstadt. Ambos hablaron de asuntos de actualidad pero, al final, Zapatero aprovechó para hacerle la pelota también a los belgas. Porque ya sabemos que el nuevo presidente confunde la diplomacia con no discutir. Desde que llegó a La Moncloa ha tenido gestos con todos a costa de los intereses de los españoles. A franceses y alemanes les ha dicho que lo que ellos quieran. Que los tratados de Niza sobre el reparto de poder tienen la validez que a ellos les dé la gana y que aceptamos el sistema de doble mayoría. A Berlusconi le regala la sede donde se va a firmar la Constitución a pesar de que los propios socialistas europeos la habían luchado y ganado para Madrid. No por los atentados, sino para dar un homenaje a las víctimas de la masacre; que es distinto. Algo que, además, hubiera servido como elemento de presión negociadora sobre la futura Constitución, porque nadie va a dejar irse enfadado de la negociación al país en cuya sede se va a rubricar el acuerdo. Para quedar bien con los belgas, que tienen mucho menos poder, Zapatero sólo hizo un pequeño gesto de reconocimiento a sus políticas referidas a la igualación de las bodas gays con los matrimonios. Zapatero llegó a incluir este asunto -algo que ni él mismo comparte- entre las cuatro prioridades y objetivos de su gobierno. Pero lo más gracioso fue el argumento que ofreció: "concederemos estos derechos a los homosexuales porque la modernidad de los tiempos así nos lo pide". ¡Eso sí que es una razón antropológica de peso para conceder un estatus jurídico a una figura que de sí no la tiene! La modernidad de los tiempos. Pero más sobrecogedor ha sido el argumento ofrecido por su nueva secretaria de Estado de Asuntos Sociales, Amparo Valcarce, para justificar que los gays puedan adoptar niños. Dice la señora Valcarce que hay que “hacer legal lo que es real” ¡Toma! ¡Viva el derecho natural! Legalice usted las drogas y la violencia doméstica que son más reales y frecuentes en la vida de las familias españolas que las uniones homosexuales. Pero no me extraña: de tal palo tal astilla. La señora Valcarce dijo también que ésta posibilidad que se le concederá muy pronto a los homosexuales vendrá incluida en un Plan Integral de Apoyo a la Familia. Querrá decir usted: un Plan Integral de Apoyo a la destrucción de la Familia. Por cierto, que lo de integral es una palabra muy bonita que incluyó en sus planes educativos una universidad católica hace 10 años y que ahora todo el mundo usa alegremente sin saber ni lo que conlleva. Como sigamos así, al final con tanto cambio nos terminarán dando el cambiazo.

Fotografía de Javier de la Rosa