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CRÓNICAS DEL ESPACIO INTERIOR

¬La historia interminable¬

Fotografía

Por Álvaro AbellánTiempo de lectura2 min
Opinión16-05-2004

En este instante se decide el destino del chico protagonista de La historia interminable: “Bastian: ¿De qué trata ese libro? Librero: Oh, es un libro muy especial. Bastian: Pero, ¿de qué trata? Librero: Escucha. Tus libros son inofensivos. Mientras los lees puedes convertirte en Tarzán o en Robinson Crusoe... Bastian: ¡Claro que sí! Por eso me gustan. Librero: Sí, pero, después de leerlos, vuelves a ser niño otra vez. Bastian: ¿Qué quiere decir eso? Librero: Escucha, ¿no te has convertido nunca en el capitán Nemo atrapado en el submarino mientras te ataca un pulpo gigante? Bastian: Sí. Librero: ¿Y no tenías miedo de no poder escapar? Bastian: Pero, ¡si es sólo un cuento! Librero: Justamente a eso es a lo que me refiero. Los libros que tú lees son sólo cuentos. Bastian: Y, ¿ese no? Librero: Tú no lo entenderías. Bastian: ¡Pero usted ha dicho que...! ¡RINGGGGGG! ¡RINGGGGGG! Librero: Olvídalo, jovencito, este libro no es para ti”. Lo paradójico de esta mítica aventura es que el libro de nuestra vida -el que de veras escribimos cada uno de nosotros y del que no podemos escapar cerrando las páginas- no es para niños, pues debemos tomárnoslo muy en serio; pero tampoco es para esas “personas mayores” que repiten constantemente “yo soy muy serio” en El Principito. Nuestra vida es tan seria y somos tan responsables de ella que no podemos dejar que la escriban por nosotros ni podemos escapar de ella; pero vivirla en plenitud requiere que alimentemos con el corazón el Reino de Fantasía. El libro de la vida no es para los niños; ni para los adultos: el libro de la vida reserva su magia al adulto que acepta el reto de vivir como un niño.

Fotografía de Álvaro Abellán

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Doctor en Humanidades y CC. Sociales

Profesor en la UFV

DialogicalCreativity

Plumilla, fotero, coach