ANÁLISIS DE LA SEMANA
Coherencia imposible

Por Amalia Casado
2 min
España11-04-2004
Son hermosos los procedimientos de la democracia. Durante esta semana, el Rey se ha reunido con los representantes de los Grupos políticos con presencia en el parlamento elegido por los ciudadanos españoles en las pasadas elecciones del 14 M, para finalmente y, a través del nuevo presidente del Congreso, Manuel Marín, proponer un candidato a la presidencia del Gobierno. Ese candidato propuesto es José Luis Rodríguez Zapatero. Este paso del procedimiento de elección del presidente del Gobierno está contemplado en el artículo 99.1 de la Constitución española. El siguiente paso será durante la sesión de investidura en el Congreso, y se refiere en el artículo 99.2 de la Constitución: José Luis Rodríguez Zapatero tendrá que exponer ante el Congreso de los Diputados “el programa político del Gobierno que pretenda formar y solicitar el apoyo de la Cámara”. A pesar de lo que pueda parecer, los españoles no elegimos a nuestro presidente, sino a nuestros representantes en el Parlamento. Y son estos los que, en nombre de los ciudadanos que les han otorgado la confianza para estar sentados en sus escaños, otorga su confianza –o no- al candidato que el rey propone al Parlamento a través de su presidente. La democracia española es una democracia parlamentaria, y no un régimen presidencialista: los españoles no eligen a su presidente del Gobierno, ni a su equipo de Gobierno. El Gobierno está compuesto por el presidente, vicepresidentes y ministros, y es el propio presidente del Gobierno, una vez nombrado por el Rey para tal cargo, el que elige a demás miembros del Ejecutivo, proponiéndolos de nuevo al Rey, que los nombra y separa finalmente. Tan desprevenidos les ha pillado la victoria electoral a los socialistas, que la composición de este futuro Gobierno ya lo conocemos de antemano, pues Zapatero necesita poner de inmediato a trabajar a un equipo de personas en un discurso de investidura que deberá ser un verdadero encaje de bolillos para satisfacer todas las expectativas despertadas por las curiosas promesas de diálogo del futuro presidente: sacar las tropas de Irak, acabar con el Plan Hidrológico, tomar postura ante el Plan Ibarretxe y la posible tregua de ETA que el PNV espera próximamente, responder a las reivindicaciones de reforma del Estatuto de Cataluña... son algunas de las prendas que Zapatero tiene que pagar por el apoyo a su discurso de investidura y que deberán estar presentes y tener una respuesta clara en el mismo. El discurso de investidura de Zapatero necesita tejer un programa de Gobierno con apariencia de coherencia, lo que es absolutamente imposible si los elementos articuladores de éste son los impuestos que deberá pagara cambio de los apoyos que reciba. Será un alarde de demagogia en busca del aplauso popular, teniendo en cuenta que el felipismo campa a sus anchas en los segundos escalones del poder del futuro Gobierno. Aún así, con su discurso obtendrá el voto de confianza de su propio grupo parlamentario, de la Chunta Aragonesista, de Esquerra Republicana y de Izquierda Unida.
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Amalia Casado
Licenciada en CC. Políticas y Periodismo
Máster en Filosofía y Humanidades
Buscadora de #cosasbonitasquecambianelmundo






