CRÓNICAS DEL ESPACIO INTERIOR
Lenguaje totalitario

Por Álvaro Abellán
3 min
Opinión11-04-2004
“El lenguaje es totalitario, fascista y tramposo por definición”. Así titula una noticia en la sección de Cultura de El Mundo, supuesto diario de referencia en España. La frase no es del redactor, sino de Sami Naïr, un eurodiputado socialista francés, pensador -de esos sociólogos que creen hacer filosofía- y profesor universitario. Dicen de él que es una de las voces más independientes de Occidente, y no me extraña, si por independencia entendemos sostener tesis que nadie en su sano juicio puede sostener. Le pasa algo similar que a Giovanni Sartori: cogen realidades parciales y empíricas y las convierten en metafísicas y absolutas. Así, sacando de quicio la realidad hasta deformarla, es fácil ser “independiente” o discrepar de los demás. Sami Naïr maldice del lenguaje -usando el mismo y fascista lenguaje- rodeado de pseudointelectuales de similar talla y condición en el seminario La perversión del lenguaje. El encuentro estaba patrocinado por El Círculo de Lectores -editorial de la que él cobra y que vive de quienes amamos este lenguaje “tramposo por definición”-. No sé si este sesudo referente internacional que es Naïr cayó en la cuenta de que si el lenguaje “totalitario, fascista y tramposo” es un lenguaje “pervertido”; lo es porque, sin pervertir -es decir, por definición, de suyo- el lenguaje no es ni tramposo, ni fascista, ni totalitario. Cualquier pensador riguroso sabe que el lenguaje es la mayor herramienta de comunicación, de unión, de vinculación amorosa y de conocimiento de la realidad que tiene el hombre. Aunque esto también lo sabe cualquiera que no sea un políticastro o un pensador independiente de esos que usan el lenguaje como arma: desde los poetas amantes del lenguaje, como Neruda (agradecido al opresor conquistador que les llevó el castellano); hasta las gentes de la calle, que vivimos en un mundo real y usamos las palabras como lazos y no como puñales. Es más: si el lenguaje se pervierte hasta convertirse en la mejor arma del manipulador, es precisamente por su poder liberador. Dice el sabio que la corrupción de lo mejor -el lenguaje, el diálogo, la democracia- es lo peor: la manipulación, el pensamiento débil, la demagogia. Entiendo que la intención de Naïr es mostrar cómo Bush y el imperialismo occidental usan el lenguaje para manipular y occidentalizar el mundo. Entiendo que la intención de Naïr es advertirnos del poder del lenguaje. Supongo que su intención es buena. Los medios, sin embargo, son chapuceros. No se puede luchar contra la demagogia desde la demagogia. No se puede decir que Bush manipula en la misma frase en que se acusa al lenguaje de ser fascista por definición. Sería como decir: “El lenguaje es manipulador por definición, miren a Bush; pero, ¡ojo! justo esto que yo les digo con lenguaje, no es manipulación”. Aunque, ahora que lo pienso, justo esta frase suena muy propia de alguien que se considere a sí mismo pensador independiente. Otra expresión, por cierto, cargada de demagogia. “Pensador independiente”; ¿independiente de qué? Sin duda, independientemente de la realidad. Así les va.






