ANÁLISIS DE LA SEMANA
Promesas que no valen nada

Por Gema Diego
2 min
Economía11-04-2004
Cojo prestado el título de una canción de Los Piratas para mostrar con qué facilidad se lleva el viento las palabras, y lo que no son palabras. Documentos archidiscutidos, requetesopesados, hiperfirmados y megaimportantes que, a la postre, no sirven para nada. Como está pasando con el traído y llevado Pacto de Estabilidad y Crecimiento europeo. Ya van cinco países a los que se les está haciendo cuesta arriba, cinco miembros de la UE para los que cumplir con las directrices del engorroso papelito es ya casi misión imposible. Primero fueron Francia y Alemania, las principales impulsoras del Pacto, las que fallaron. Curioso que cuando les dejó de convenir, dijeran que en realidad no era bueno, que había que ser flexibles… Francia hizo un semi-acto de contrición y prometió que retomaría la senda del buen camino. No sólo no lo ha hecho, sino que el país galo ha ido a peor. Ahora son Reino Unido, Holanda e Italia. Su caso no es grave, son sólo unas decimillas y, en el caso de británicos y holandeses, ya tienen prevista la solución. Pero el hecho está ahí. De momento, España se va salvando y es, incluso, adalid de la buena política económica. Sin embargo, Pedro Solbes, futuro ministro de Economía, ya ha anunciado que no va a buscar el déficit cero año a año. El que paradójicamente ha sido el mejor guardián del Pacto de Estabilidad se propone ahora experimentar en España métodos que huelen un pelín a déficit. ¿Qué andará maquinando Solbes? Desentrañar lo que pasa por la mente de algunos altos cargos es, a veces, un ejercicio que le deja a uno exhausto. Es más divertido imaginarse los pensamientos de Antonio Camacho; seguro que el ex dueño de Gescartera está esperando sabiamente a que la opinión pública le olvide para hacer efectiva una fianza cada vez más reducida, salir de la cárcel y rehacer su vida. A buen seguro que, en algún lugar del mundo, algunos millones de euros le están esperando a buen recaudo, calentitos, palpitantes y sazonados por el tiempo y la espera.






