SIN CONCESIONES
Globofobia
Por Pablo A. Iglesias
2 min
Opinión20-07-2001
Dícese de ese movimiento incoherente, violento, libertario e impulsivo que lucha contra el capitalismo, el desarrollo y el crecimiento mundial. Los globófobos son esos individuos radicales, ingenuos, insolidarios y bastardos del sistema democrático que presumen de aquello que no son y actúan al contrario de la ideología que ensalzan. Llaman asesinos a la policía y quienes aniquilan las ciudades son ellos. Destruyen los signos del nuevo mundo globalizado y organizan manifestaciones a través de Internet y con teléfonos móviles. Repudian el capitalismo pero trabajan en bancos, comercios y multinacionales. Tienen fobia a la nueva aldea global pero utilizan los medios de comunicación para difundir sus preceptos. Llegaron a Génova en aviones, jets y transatlánticos. Exigen paz al mundo cuando ellos siembran el caos por cada una de las ciudades por las que pasan. Presionan a los países más poderosos del planeta para que ayuden al Tercer Mundo cuando ellos causan daños por millones de dólares que podrían destinarse a paliar el desarrollo del sida en África. Lanzan huevos a los líderes del planeta cuando miles de personas mueren de hambre en todos los continentes. Dicen que piensan en los demás, en las generaciones venideras, pero sólo piensan en ellos mismos. En nadie más. Demandan un nuevo planeta para el siglo XXI pero se comportan como personas de la Edad Media. Incluso como de la Prehistoria. Ahora, lloran la muerte de un globófobo. Un supuesto pacífico, respetable, inocente y ciudadano modelo. Tachan de tiranas a las fuerzas de seguridad pero quienes fomentan el robo, la destrucción y el saqueo de las ciudades son ellos. Aplican el modelo de lucha palestino en sus manifestaciones. Ellos tiran las piedras y se autocalifican víctimas porque la policía camina con pistolas. Ellos provocan el terror en la ciudadanía y hieren a medio centenar de personas. Ellos mismos se llaman pacíficos pero acumulan expedientes interminables con todo tipo de delitos. Son luchadores de una causa: la globofobia. Pero, en realidad, son sólo el último eslabón de la sociedad democrática. Son incoherentes en su mensaje y sus acciones, violentos y radicales en sus reivindicaciones. Son libertarios e ingenuos. Son impulsivos y bastardos de un sistema que les da demasiada libertad. El problema es que ellos no saben distinguir dónde termina la suya y donde comienza la de los demás.
Seguir a @PabloAIglesias
Pablo A. Iglesias
Fundador de LaSemana.es
Doctor en Periodismo
Director de Información y Contenidos en Servimedia
Profesor de Redacción Periodística de la UFV
Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito






