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ANÁLISIS DE LA SEMANA

Nadar y guardar la ropa

Fotografía

Por Gema DiegoTiempo de lectura2 min
Economía04-04-2004

Una de dos: somos unos inconscientes, o los organismos económicos se están tirando un farol por todo lo alto. El FMI, el Banco de España y la Comisión Europea coinciden en que los atentados del 11-M no le hacen ni fu ni fa a la economía. Las empresas seguirán creciendo, se crearán más puestos de trabajo, y España continuará despuntando por encima del resto de la UE. Eso sí, por si acaso, y para no estrellarse cual huevo en tortilla si sus cálculos resultan erróneos, todos coinciden en que hay “incertidumbre”, que quizás sí que afecten en algo al PIB, que el consumo anda un poquito débil, que la demanda no acaba de despegar… Lo que sí está claro es que los españoles no somos tan aprensivos como los estadounidenses. En vez de escondernos debajo de las mantas tras el atentado, nos seguimos preocupando sobremanera por nuestras vacaciones. Ya se puede caer el mundo, que la Semana Santa –valga la redundancia- es sagrada. Así, tras el descubrimiento del artefacto explosivo en el Ave Madrid-Sevilla, los pasajeros que merodeaban por Atocha y Santa Justa estaban quemados, en su mayoría, por el retraso de los trenes. La queja: que viajar en tren se está volviendo peor que desplazarse en avión, con sus overbookings, sus cambios de horario, y sus largas horas de espera antes de embarcar. Con este comportamiento, las previsiones de los organismos internacionales se justifican por entero. Si el español es un ser despreocupado, interesado en el ocio y en el consumo pase lo que pase, con tanto dinero como para cargarse de hipotecas, y al que los vaivenes de precios no le afectan, pues entonces la economía irá bien. Sin embargo, esta teoría resulta poco creíble. La indignación de las estaciones de ferrocarril parece más un espejismo que una actitud permanente. Como es tan difícil lanzarse a la piscina a largo plazo, el Banco de España y compañía prefieren nadar y guardar la ropa.

Fotografía de Gema Diego