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ANÁLISIS DE LA SEMANA

Compromiso Alberdi

Fotografía

Por Amalia CasadoTiempo de lectura2 min
España08-02-2004

Que Alberdi ha sido luchadora infatigable por los derechos de la mujer es incuestionable. La violencia doméstica ha sido un tema que le ha preocupado siempre. En el Diario de Sesiones del 23 de febrero de 1999 del Congreso de los Diputados, ya la encontramos debatiendo en el Congreso a propósito de la reforma del Código Civil en material de malos tratos: “¿Qué pasa, señoría, es que hay que llegar a que se le pegue fuego a una mujer y se muera para que haya una sensibilidad sobre este tema?” Como si profetizara. Aunque su disposición a colaborar con el Gobierno del PP de la Comunidad de Madrid resulta sorprendente en un aspecto y parece un bandazo ideológico interesado, lo que está claro es que Alberdi, y nadie puede negárselo, es una mujer sin vergüenza en todo el buen sentido de la palabra –en el mal sentido no lo sabemos-. Cuando las mujeres no lo tenían fácil para formar parte de los núcleos de poder y decisorios, ella logró hasta una vocalía del Consejo General del Poder judicial. La primera mujer que lo conseguía. Hoy puede parecernos normal ver a mujeres ocupando altos cargos, pero en su época no debió ser sencillo ni agradable trabajar con hombres que no estaban habituados a ello, y que posiblemente rezumaban prejuicios con los que combatir cada día, que se dice pronto. Pero hay que sufrirlo. Con sus antecedentes por delante, y con una misión clara como parece tener ella al servicio de la dignificación social de la mujer, su apuesta por colaborar con el Gobierno de Esperanza Aguirre podría ser un acto de valentía, de superación de prejuicios y de sana indiferencia hacia las críticas que pueda recibir. No debe de ser fácil y no puede achacársele, eso sí, haber actuado de forma ilegítima, falta de ética, al menos en las formas o en la idoneidad de sus argumentaciones. Ojalá sea una decisión alejada de todo interés personal, basada en un compromiso superior al aferramiento ideológico a toda costa. Si así es, aprendamos: un sentido en la vida, fuera de uno mismo, llena de plenitud y acerca a la felicidad.

Fotografía de Amalia Casado

Amalia Casado

Licenciada en CC. Políticas y Periodismo

Máster en Filosofía y Humanidades

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