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SIN ESPINAS

Ideas nuevas, ideas viejas

Fotografía

Por Javier de la RosaTiempo de lectura2 min
Opinión07-12-2003

Hemos vivido el Puente de la Inmaculada que esta España laica y aconfesional prefiere llamar ahora "Puente de la Constitución". Qué más da ¿no? Si como en Navidad o Semana Santa, lo único que se celebra ya son las vacaciones y el consumismo que traen estos festejos antaño religiosos. Tan sólo unos pocos valoran la verdadera trascendencia de los 25 años de la Constitución y otros pocos menos manifiestan un especial regocijo por alabar a la madre de Dios, quien en un acto de fe sin precedentes le dijo a Dios: “hágase en mí según tu palabra” ( Lc 1,38 ). Resulta que para que uno sea un tipo moderno y progresista, hoy en día, lo primero que tiene que hacer es renegar de todo pasado, sin importar si lo anterior es la base que le sustenta. Sin embargo, para aceptar una declaración de principios de esa magnitud hace falta estar muy ciego, ser un imprudente o padecer una desmemoria crónica. La pérdida actual de valores no es un tópico más, es una realidad que llega desde el ciudadano de a pie hasta nuestros líderes políticos. Es una enfermedad de esta sociedad. A Zapatero, que suscribe todo lo que le escriben sus nefastos asesores, se le ocurrió decir el día de la Constitución para justificar su reforma: “No puedo entender a la gente que se asusta de las ideas nuevas, a mí lo que me espanta son las ideas viejas”. Habría que ver qué es lo que entiende Zapatero por ideas nuevas y, sobre todo, qué entiende este político por ideas viejas. Él creerá que ha dicho una frase memorable porque salió en todos los informativos y todavía nadie se la ha contestado. Pero es, sin duda, una soberana estupidez. Es tan absurdo asustarse de las ideas nuevas como espantarse por las ideas viejas. La razón para tener miedo de ellas, es que esas ideas (viejas o nuevas) sean buenas o malas. Zapatero critica un defecto que él afirma cometer con mayor exceso. No es que se inquiete sino que se aterroriza. Además, sería muy discutible que Aznar y todos los que piensan como él en este asunto se atemoricen de las ideas nuevas para reformar la Constitución. Lejos de acobardarse, lo que hace es combatirlas, luchar contra ellas. Y no por el hecho de que sean nuevas sino porque son malas, perjudiciales, en este caso, para la unidad de España. Es de necios pensar que todas las ideas viejas son malas y que todas la ideas nuevas son buenas. Y yo de lo que me asusto es de que tengamos representantes políticos que en estos momentos tan complicados no tengan las cosas claras, ni el más elemental sentido común, vivan del sofisma y la falacia y su formación intelectual sea la de un contertulio medio de Crónicas Marcianas. De eso no tengo miedo, tengo pánico.

Fotografía de Javier de la Rosa