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APUNTES DE BANQUILLO

Condenados a entenderse

Fotografía

Por Roberto J. MadrigalTiempo de lectura3 min
Deportes07-12-2003

Corren tiempos de curarse en humildad en Can Barça. La marcha de Johan Cruyff, la caída del Dream Team, fue la señal que dictaminó que el Barcelona ya no volvería a ser aquel dominador de los clásicos que fue hace una década: le quedaba el recurso a la adrenalina e incluso a las tanganas para desquiciar al Madrid, con un maestro como Luis Enrique y la presencia del que fue ídolo, Luis Figo, en el eterno rival. Esta vez, sin Ronaldinho, Frank Rijkaard se sabía inferior y optó por jugar al contragolpe. Arriesgado porque nunca se había hecho antes, pero con la cabeza fría, no era una mala decisión: hace un par de años lo hizo Vicente del Bosque y se llevó un 0-2 del Camp Nou, en las semifinales de la última Copa de Europa que ganó el Real Madrid. Pero primero se vio que le faltaba pólvora al Barça para remontar el gol de Roberto Carlos, y luego que Kluivert, aunque es un virtuoso de la técnica, no es Ronaldo. Lo más preocupante, más que la derrota –que se cura con un par de victorias–, es cómo se trató de maquillar un partido que regaló al Real Madrid. Los que no se dejaron engañar por la sensación de igualdad que les dejó el partido en los últimos minutos se dieron cuenta de que al Barcelona le faltó el orgullo para pelear por ganar, aunque al final perdiese. Porque el rival merengue no fue tan superior, y se vio cuando los azulgranas se fueron al ataque, ya a la desesperada: el Madrid es un equipo que puede jugar como los ángeles cuando tiene el balón, pero que sufre horrores para defender cuando no lo tiene. Al Barça le faltó convicción y saber jugar sus bazas: aún no es un equipo para estar entre los cuatro primeros de la Liga, y no debería sentirse mal la parroquia culé por constatarlo. Cuesta mucho trabajo volver a lo más alto, y en ese sentido, la claridad de ideas de Joan Laporta y el propio Rijkaard, aunque puedan equivocarse, es un aval para superar el caos que dejó Joan Gaspart, pero necesitan tiempo. Que los llamados galácticos hagan su trabajo, tener un par de ocasiones de gol y conseguir dos dianas, entra dentro de lo posible: ni mucho menos es provocar, como decía algún periodista torpón cuando preguntaron a Beckham si lanzaría los saques de esquina. Lo mejor de todo es que no hubo cochinillos, ni botellas, sino que ganó el espectáculo. Bueno, y el equipo merengue, que llevaba dos décadas sin ganar un derbi liguero en Barcelona y dio un ejemplo de saber estar: no hubo salidas de tono, sino que –incluso– Florentino Pérez llegó a decir que el Camp Nou no se merece una clausura, sino los gamberros que lanzan objetos al césped. Antes y después del partido, los dos grandes van de la mano en sus intereses: sin el otro, ninguno de los dos sería lo que es.

Fotografía de Roberto J. Madrigal