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APUNTES DE BANQUILLO

Desatinados y enfadados

Fotografía

Por Roberto J. MadrigalTiempo de lectura2 min
Deportes30-11-2003

Suelo decir que tres años –camino de cuatro– coordinando una sección de Deportes que es como un periódico en sí misma, por la diversidad de contenidos propios y el número de aprendices que han pasado, es principalmente un máster de relaciones humanas. Virtuales, en la medida en que un ordenador, un móvil y un correo-e reducen –o mantienen, según el caso– las distancias. Pero aunque no se pueda charlar de viva voz y cuerpo presente más que de higas a brevas, son relaciones al fin y al cabo. Sobre todo, diría yo, para aprender de los enfados. Con una dosis de humildad, se llega a pensar que un descontento es sólo el síntoma de un problema, y por ello, el primer paso para encontrar una solución, que por lo general –además– no suele ser complicada. Algo difícil con una crítica tan implacable y anónima como la sufrida por el G-3, en su intento por mejorar el papel español en los dobles de la Davis. A ver quién aplaude ahora la decisión, pero está bien argumentada, tiene su sentido y un riesgo que se valorará a largo plazo… aunque posiblemente no era el momento más adecuado para llevarla a cabo. A eso de aliviar la tensión y soltar adrenalina, los clásicos lo llamaban la tendencia al caos y la destrucción del hombre, el único animal capaz de soltar un exabrupto en el momento más inoportuno. Si es cierto el dicho de que el jefe tiene siempre la razón –que no lo es–, y fuera verdad que a la mínima ocasión sucede que el patrón, que se joda, no deja de ser curioso por infrecuente que las salidas de tono se las coma el propio responsable. No deja de ser una muestra de falta de carácter apropiado, de cierta inocencia quizá, pero también lo es de confianza. Se trata, al menos, de evitar en lo posible pasar por las discusiones, y por supuesto, de llegar a las manos o amagar con hacerlo.

Fotografía de Roberto J. Madrigal