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EL REDCUADRO

La burbuja mediática

Fotografía

Por Antonio BurgosTiempo de lectura4 min
Opinión02-11-2003

Era como cuando en el cine de barrio se cortaba la cinta de puro vieja y se interrumpía la historia. Eran las 7,40 y Televisión Española cortaba en su cine de barrio la proyección de la película "Me has hecho perder el juicio". Se interrumpía la Historia, esta vez con mayúsculas. Hay veces en que la parrilla de programación la carga el diablo y ayer tarde fue una de ellas. Donde estábamos viendo a Paca Gabaldón, que era la que había hecho perder el juicio a Manolo Escobar, salió Leticia Ortiz, que es la que... (continúe cada cual la frase y la proyección de la cinta a su libre albedrío). Lo que presentaron como avance informativo se trataba en realidad del avance de la perfecta "matrioshka" mediática en la burbuja televisiva en la que vivimos, hecho que ocurrió a las 9 de la noche: comunicaron oficialmente en la segunda edición del telediario la gran satisfacción de los Reyes al anunciar el compromiso del Príncipe de Asturias con la presentadora de la segunda edición del telediario. Por poco no lo anuncia ella misma. A los cuatro gatos que seguimos creyendo en la Monarquía por razones históricas, culturales y estéticas y que hubiéramos preferido tener que buscar la biografía de la futura Reina de España en el Gotha y no en la Agenda de la Comunicación, nos queda el consuelo de que al menos se han salvado los viejos muebles de la magia de la Institución. No sé si a esos muebles tradicionales de la magia de la institución se les ha dado una mano de barniz o es que sencillamente han sido sustituidos por otros, funcionales, de Ikea, y hasta puede que les encanten a la España del juancarlismo. Nuestro error quizá consista en aferrarnos, Constitución en mano, a la idea del Rey como "legítimo heredero de la dinastía histórica". Nuestro error es pensar que el Príncipe de Asturias es el nieto de Don Juan de Borbón, cuando es, fundamentalmente, el hijo y heredero de Don Juan Carlos I. Quien, cierto, tras la abdicación de Don Juan recibió la herencia de la legitimidad histórica. Quizá sólo hasta aquel 23 de febrero en que un golpe de Estado puso en peligro las libertades del Reino. Desde aquella noche, Don Juan Carlos I es tan cabeza de estirpe de la Monarquía Hispánica, como el Conde Fernán González. De otra Monarquía: la parlamentaria, la constitucional. La posible. La llaman juancarlismo. Es, en el fondo, el posibilismo de la Historia, una Corona sin monárquicos, un Reino de votantes republicanos, donde no se corre, al menos hasta ahora, de que España se despierte tricolor. En los fundamentos de la nueva planta de la Institución, Televisión Española fue fundamental. Don Juan Carlos aquella noche del 23, con su mensaje por TVE, hizo a los españoles si no monárquicos, sí al menos defensores del utilitarismo de la Corona. La televisión fue pieza clave para la Monarquía aquella noche del mensaje del 23-F, como lo sigue siendo cada día, cuando vemos las lágrimas del Rey en el entierro de su madre o el dolor de la Reina al abrazar a los huérfanos de un accidente o de un atentado asesino. Nada más lógico, pues, que la institución siga por esta línea de sucesión en la Monarquía Mediática. Si, gracias a la televisión, en el 23-F Don Juan Carlos empezó a ser verdaderamente el Rey de Todos los Españoles que soñaron Don Alfonso XIII en su manifiesto "Al País" y Don Juan de Borbón en su patriótica abdicación tras una vida de renuncias, ¿qué mejor que una presentadora de telediarios como novia del Príncipe de Asturias y futura Reina de España? Si viviera Rafael de León, que era marqués y más monárquico que una dalia del parque de los Montpensier, diría quizá que la boda es la reescritura de un romance del siglo XIX al comienzo del siglo XXI. "Que son los niños primos hermanos" o que la novia la conocemos de haber estado entrando todas estas noches en la salita de casa, ¿no acaso es el mismo trasfondo, puesto al día, del romance popular, magia al fin y al cabo? En esta sociedad mediática, ya verán cómo se contarán por miles los claveles que le echarán camino de la Almudena, en una historia de amor (que se escribe sin hache de Historia), que tiene todos los ingredientes del populismo que exige la sociedad de mercado en este mundo global del que la propia Institución forma parte. Una boda como programada por quienes hacen las parrillas pensando en la aceptación de la audiencia. Una real historia rosa de amores reales no podía quedar fuera de la inmensa burbuja mediática que vive España. Más que de cuento de hadas, boda de burbuja televisiva coronada. A los que por vieja lealtad a la Institución tendremos que rendir un día (quiera Dios que muy lejano) pleito-homenaje a Doña Leticia como Reina de España, en esta burbuja televisiva coronada nos queda un inmenso gozo: junto a la popularidad mediática que ahora tendrá la Corona, el suspiro que hemos dado al saber que nuestra futura Reina es una dignísima presentadora de telediario y no una tertuliana de las crónicas que riman. Que también hubiera podido ocurrir.

Fotografía de Antonio Burgos

Antonio Burgos

Columnista del diario ABC

Andaluz, sevillano y del Betis

** Este artículo está publicado en el periódico ABC y posteriormente recogido de AntonioBurgos.com por gentileza del autor