CRÓNICAS DEL ESPACIO INTERIOR
Otra causa para la esperanza

Por Álvaro Abellán
2 min
Opinión27-10-2003
Las pasadas elecciones del 25-M me dejaron un sabor agridulce. El que el PP no sufriera una debacle electoral demostró que los ciudadanos no atendemos a demagogias, por muchos grupos mediáticos que los politicastros tengan detrás. En aquel momento planteé que Esperanza es lo último que se gana. Cuán cerca estaba de la verdad pues, en efecto, cinco meses después, Esperanza ha ganado, ha sido la última victoria electoral del Partido Popular y del sentido común. Pero ha ganado otra esperanza más importante, la esperanza de los madrileños en un buen gobierno para la Comunidad. Sin duda que esta victoria de Esperanza es resultado de una tremenda y grave crisis institucional en la Comunidad de Madrid y en el Partido Socialista. Una crisis que, no obstante, puede servir para recuperar la esperanza. Salvo Infausto Fernández, todos han dado el mínimo en esa fiesta electoral y Esperanza se comprometió a gobernar “para todos”. Esperemos que se mantenga o se eleve el nivel. Otra crisis parece a punto de precipitarse definitivamente. Es la del País Vasco. La gravedad del enfrentamiento en esta ocasión no es puramente verbal, ni de matiz. Está en juego nuestro país, la hermandad entre los pueblos de España, la vida y la libertad de miles de personas, la estabilidad de toda la nación. La apuesta evidentemente rupturista del Gobierno vasco supone rebeldía y sedición, actos inéditos e impensables en una sociedad supuestamente madura y democrática. Como toda crisis, es también una oportunidad de cambio. Otorga la posibilidad a toda la sociedad civil, políticos y ciudadanos, de mostrar su mejor cara, sus manos blancas, sus brazos abiertos, su firmeza en la defensa de las libertades y la puesta en marcha de todos los recursos, de toda la generosidad y entrega que ahora son necesarias para recuperar la senda del sentido común. Espero que en estos momentos oscuros, quizá los más delicados de nuestra joven democracia, sabremos encontrar la luz a pesar de muchos políticos, una luz que les ilumine a ellos y nos haga a todos caminar juntos hacia la integración, colaboración y comprensión mutua. Ahora que todo parece complicado y sin salida, tenemos la oportunidad de que, paso a paso, la oscuridad y el dolor asentados alrededor del problema vasco cedan poco a poco y que la esperanza sea, de nuevo, la última que se gane. Sólo con ella todo lo demás será posible.






