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SIN ESPINAS

El Papa no se baja

Fotografía

Por Javier de la RosaTiempo de lectura2 min
Opinión19-10-2003

Muchos, en su ignorancia, se creen que esto de ser sacerdote, obispo, cardenal o Papa es como militar en un partido político, ser nombrado ministro o secretario de Estado o llegar a presidente del Gobierno. La jerarquía de la Iglesia es otra cosa diferente y ser ordenado sacerdote imprime carácter, es decir, que cuando lo eres, aunque decidas dejarlo y alejarte de la Iglesia toda la vida seguirás siendo cura. Por eso, a esas voces que sólo les interesan las cuestiones de la Curia para hincar su colmillo retorcido piden imposibles como la dimisión de un obispo o la de un sacerdote que, a sus ojos mundanos, pueda ser abominable. No voy a ponerme a explicar ahora cómo procede la Iglesia en estos casos porque sé que a quienes acuso de ignorantes, les importará poco la verdad del asunto; y a quienes les interesa, hallarán pronto el modo de que alguien les explique, con la extensión que merece, la cuestión a la que me refiero. Aquellos que precisamente siempre proclamaron la separación de la Iglesia y el Estado emiten ahora sus opiniones de la manera más confesional posible. ¡Qué dimita el Papa! ¿Pero que es eso de que dimita el Papa? Pocas veces tan breve expresión podría engendrar tanto analfabetismo. Como en este asunto, ocurre en muchas otras ocasiones, que los opinantes secularizados pretenden aplicar las normas del Estado a la Iglesia o del derecho civil al canónico. ¿Se imaginan que un miembro de un club de bolos se metiera con otro que pertenece a uno de esgrima porque utilizan espadas en vez de bolas de tres kilos para vencer a su adversario? El Papa, consciente siempre de su misión, ha dicho que a pesar del dolor y la fatiga, del sufrimiento y el cansancio, Jesucristo nunca se bajó de la cruz. Antes al contrario, aceptó no sin temor, cumplir la tarea que su Padre le había encomendado. Cargó con su cruz y dijo: “Hágase en mi tú voluntad”. Por eso, el Papa no se baja.

Fotografía de Javier de la Rosa