EL REDCUADRO
Copla para Manolo

Por Antonio Burgos
3 min
Opinión19-10-2003
Escribo ahora dos veces tu nombre, Manolo, Manolo Vázquez, y sale sola la música de tu pasodoble en este funeral programa del oyente donde te estamos dedicando todos los discos de la Radio Andorra de la memoria: "A Manuel Vázquez Montalbán, de quien él sabe". Memoria sentimental en aquella radio de cretona que cantaba por las abiertas ventanas de jabón verde en los patios charnegos de tu Barcelona. Ahora esa radio, Manolo, Manolo Vázquez, rey de la torería literaria, se ha apagado precisamente en ese Lejano Oriente donde fabrican los transistores de los veinte duros en los que siguen sonando las coplas de la certísima patria de tu infancia, ahora abiertos a terrazas de lavadora y tambor de detergente. En el "Triunfo" de Ezcurra firmaba como Manolo V el Empecinado, pero fue allí más bien Manolo I el Sentimental. Montó él solito una Institución Libre de Enseñanza y una Sociedad de Folklore y, como un nuevo padre de los hijos del Zebedeo en versión Machado, pegó la oreja a su propia memoria de postguerra civil y levantó el tardokrausista "Cancionero General del Franquismo". Impartió doctrina para la relectura marxista de los Jardines de la Granja, del Teatro Calderón y de Cabalgata Fin de Semana. Gracias a Manolo Vázquez, los camaradas del Partido podían decir sin que los llamaran desviacionistas y pequeñoburgueses que tenían en su casa un disco de Concha Piquer, y que lo oían mucho más que la cinta de Paco Ibáñez con la letra de Gabriel Celaya que ponían en la Pirenaica. Tras él vino la explotación interesada de la copla, hasta el punto que incluso en la Galaxia Polanco suenan ahora las reconstrucciones digitales de Radio Olé. Pero Manolo Vázquez fue el primero. El puso la cabeza de puente en el puentecito, puentecito, puente de San Rafael, dime por qué caminito te has llevadito a la copla para que volviese recuperada en sus crónicas sentimentales. Vázquez Montalbán fue el nuevo mitólogo que con el pretexto del concepto de lo que entonces se llamaba "lo camp", inventó estas nuevas triadas capitolinas para una relectura progresista de la copla, a fin de que los camaradas se pudieran emocionar con las coplas que sus madres les cantaban. Cuando Manolo Vázquez escribía sobre el "Tatuaje" que se sabía de memoria, como poema clásico del Siglo de Oro que era, nos parecía que era de Quintero, León y Gramsci. Nos hizo ver que el repertorio de Marifé de Triana era de Ochaíta, Valerio y Marcuse. Oyó el eco del Cortijo de los Mimbrales del Príncipe Gitano en la gramola de Umberto Eco e hizo la distinción de apocalípticos e integrados entre Antonio Molina y Miguel de Molina, Carmen Morell y Pepe Blanco, Juanito Valderrama y Dolores Abril o Concha Piquer y Juanita Reina. Se dice ahora que su muerte ha sido de novela negra. No sé. Me parece de copla. Quizá se le hayan clavado en el corazón, como dos puñales, las dos manecillas que tiene el reloj del blanco faro de los veleros. Le dolía la cal de los huesos de defender a nuestra copla.
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Antonio Burgos
Columnista del diario ABC
Andaluz, sevillano y del Betis
** Este artículo está publicado en el periódico ABC y posteriormente recogido de AntonioBurgos.com por gentileza del autor






