SIN ESPINAS
Del bigote a la barba

Por Javier de la Rosa
3 min
Opinión01-09-2003
No es que le tenga especial manía al mostacho de Aznar, sobre todo porque sé que le oculta una incipiente parálisis en su labio superior. Sin embargo, viene a corroborar algo que una vez me dijo un vehemente italiano que había sido guardameta del Inter de Milán en la época gloriosa de Luis Suárez: “Nunca te fíes del todo de un hombre que lleva barba o bigote; si se lo deja es porque algo tiene que ocultar tras él”. Quién sabe, una mueca que le hace parecer un falso, un soberbio, un chulo, un tonto o un orgulloso. Tal vez algún lunar o verruga indeseada. Una cara erosionada por el acné juvenil o tal vez un apariencia demasiado juvenil. Nunca creí del todo esta teoría pero puedo asegurar que en bastantes ocasiones se cumple. Sobre todo si lo que se trata de ocultar con el crecimiento de tanto vello en la cara es un simple complejo. El día posterior al anuncio de que Rajoy será el sucesor de Aznar, el 95% de los columnistas y editorialistas de este país han derrochado toda su capacidad laudatoria para recibir al nuevo “líder político español”. Yo, sin embargo, admirado también por esta figura gallega que ha sabido como nadie caminar en la sombra, quiero aprovechar estas líneas para preguntarme ya por aquello que no me da tan buena espina. No es que no quiera darle ni los días de cortesía al nuevo príncipe maquiavelo de la monarquía aznarista; pero como sé que todos los fariseos que hoy lo han encumbrado le clavaran sus plumas afiladas en cuanto se dé la ocasión, yo prefiero plantear las dudas ya a costa de ser el cenizo de turno. No obstante, empecemos por lo bueno. Rajoy es el peor candidato para el PSOE porque es lo mejor de Aznar en el fondo y todo lo contrario a Aznar en las formas, curiosamente la peor parte del actual presidente. Inteligente, socarrón, con capacidad de diálogo, una dialéctica parlamentaria insuperable, incluso para Aznar, y una rapidez de reflejos a prueba de un Alfonso Guerra o Felipe Gonzalez, Rajoy era el más político de los tres sucesores. Rato era el empresario y Mayor Oreja el valiente caballero de la cruzada anti-nacionalista. Sin embargo, Mariano Rajoy siempre ha tenido el don de la oportunidad, imprescindible en política. Pero un don mucho más calculado que el de Gallardón y los demás. El gallego siempre ha sabido donde estar en el momento oportuno, y además lo ha hecho sin llamar a las cámaras de televisión y sin pedir reconocimiento. No tiene grandes enemigos ni en política ni en los medios, conoce la tripas del Gobierno y del Estado, ha vivido más consejos de ministros que nadie en el Ejecutivo de Aznar y su paso por Interior y Administraciones Públicas le ha permitido gobernar de facto durante la aventura internacional de Aznar estos últimos meses. Creador de los últimos pactos con los nacionalistas y artífice de la dos campañas electorales que auparon a Aznar al gobierno tiene avales que se suman al hecho de ser el único político que no escurrió el bulto durante el año más peliagudo de José María en el poder: el año del Prestige y de la guerra de Iraq. Con todo y con eso, el sucesor tendrá que hacer buenos equipos, necesitará el apoyo de Rato o alguien de su grupo en la economía y lidiará con los toros nacionalistas. Aparecerán grandes enemigos y grandes deslealtades que pueden derrocar hasta al ministro diez y arreglalotodo que ha sido. Rajoy era el perfecto hombre en la sombra de Aznar, sin embargo la pregunta es si conocemos ya al verdadero Rajoy. Espero que tras esa barba no se esconda un complejo. A simple vista no parece que los tenga pero a la luz del poder, ya se sabe, todos los defectos se ven.






