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SIN ESPINAS

Kamikaze Tamayo

Fotografía

Por Javier de la RosaTiempo de lectura2 min
Opinión28-07-2003

“Los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz” (LC 16,8). Esta estirpe de personajes carece de toda virtud y domina todo tipo de vicios. Como diría Ortega han sido capaces de desarrollar toda suerte de astucias menores. Las personas buenas, honestas y verdaderamente inteligentes también son capaces de desarrollarlas pero tienen que trabajar mucho más en ellas porque nunca necesitaron utilizar esas malas artes para conseguir sus objetivos. Antes al contrario, y cuando eran inocentes, creían que el esfuerzo y el mérito eran los únicos parámetros por los que se regía el mundo de los adultos. ¡Qué santa ingenuidad! Sin embargo, no hay que quitarle ni importancia ni merito al dominio de la picardía y la sagacidad como medios para conseguir buenos fines. Distinto es la marrullería, la perfidia, la fullería o el falso refinamiento cuya cátedra poseen estos secuestradores de la voluntad popular. Cual brasileñito de favela o chicano del Bronx, la FSM ha sido estos años para Eduardito un auténtico nido de víboras, un criadero de alimañas, una universidad de licenciados en amaños, diplomados en tretas y doctores de la martingala. Tamayo, a cuyo hijo no visita desde hace 11 años, perdió en cambio el tiempo para sacar matrícula de honor en sus asignaturas favoritas: Desarrollo eficaz del Chanchullo I, Dominio público de la Engañifa II y Master en Hipocresía avanzada. La nueva estrella televisiva dice que tiene la conciencia tranquila. Pero la tiene no porque esté limpia sino porque sabe que respecto de sus adversarios políticos no la tiene mucho más sucia. Por eso, de la actuación de Tamayo el pasado jueves se desprende la falsa imagen de seguridad que trasmitió. Esa que lleva a decir: o este tío está diciendo la verdad o está mintiéndonos y tomándonos a todos por idiotas. Idea que más de un Modesto Nolla se llevó a casa después de 13 horas de paripé. Tamayo tiene hoy más credibilidad que Simancas porque se cree mucho más su discurso que el hasta hora secretario general de la FSM. No hay trama, no hay argucia política contra el padre de aquel hijo con la Play Station estropeada. No hay contubernio judeo-masónico para que no gobierne la izquierda en Madrid. Lo que hay es mala política de bajos fondos que, por desgracia, está instalada en todas las sedes de todos los partidos; y en todo aquel lugar donde se entrecruzan más de dos intereses y más de una voluntad interesada. Simancas, Blanco y Zapatero han aprendido a beneficiarse de esas malas artes e incluso a sortearlas pero se han olvidado de controlarlas tras hacerse con el poder. Además, el problema es que Simancas está vez ninguneó a un kamikaze llamado Tamayo y a su mártir particular María Teresa Sáez. No hace falta que les repitan muchas veces quien era el líder de esta secta de los renovadores de la base. ¿Verdad, señor Balbás?

Fotografía de Javier de la Rosa