CRÓNICAS DEL ESPACIO INTERIOR
Siamesas hasta el final

Por Álvaro Abellán
2 min
Opinión14-07-2003
Dos hermanas unidas físicamente por el cerebro. Dos personas, hay que recordarle a alguno. Llama la atención cómo los medios de comunicación resaltaban, casi sorprendidos, las diferencias de personalidad e inquietudes de las siamesas. Quizá pensaron que si dos personas están físicamente unidas pierden su humanidad. O, quizá, eran de los que asumieron acríticamente el reduccionismo de los pseudocientíficos que explican a la persona desde la fórmula “genes + ambiente”. A cualquier otra persona, a cualquiera con sentido común, no le habría llamado la atención que Ladan y Laleh Bijani tuvieran sueños, pensamientos y vocaciones diferentes. Algunos cuestionan éticamente la operación, sobre todo, visto el resultado. Son los mismos que cuestionaron en anteriores ocasiones el que unos padres decidieran no operar y dejar que la naturaleza siguiera su curso. Lo cuestionaron, porque los porcentajes de entonces indicaban que si dejaban morir a una la otra podría sobrevivir. Son, en definitiva, los defensores de la ética del resultado. Los que venden la ética empresarial porque resulta rentable. Los que opinan sobre la clonación, la eutanasia y el aborto atendiendo a una cuenta de resultados, casi siempre económicos, otras veces, humanos -como si una vida más y otra vida menos dejara las cosas igualadas-. La verdadera ética no mira a los resultados, mira la nobleza e intención de las acciones. El criterio en cualquier caso ético que pueda tener consecuencias negativas se decide en función de la llamada teoría del doble efecto: en este sentido, si el efecto buscado con la acción es bueno, su fin y sus únicas consecuencias directas son buenas, aunque luego se suceda un efecto no deseado, la acción es moralmente lícita. En esta ocasión, la intervención era muy delicada, pero Ladan y Laleh se prepararon adecuadamente, los médicos estaban a la altura de las circunstancias y todos eran conscientes de las posibles consecuencias de la operación. Además, no se tendía a suprimir ninguna de las dos vidas sino que se buscaba promocionar la autonomía y la calidad de vida de dos personas gravemente incapacitadas. Fue una apuesta de todos por la vida. Salió mal, pero nos queda el ejemplo de su valor y el agradecimiento a Dios por librarnos de tener que tomar su decisión.






