ANÁLISIS DE LA SEMANA
Lo que dices me distrae de lo que eres

Por Amalia Casado
2 min
España13-07-2003
Escribe el poeta Pedro Salinas: “Lo que eres me distrae de lo que dices”. Es la voz de un enamorado, que ve más allá de lo pequeño y evidente, que trasciende las palabras y bucea en lo profundo y escondido. “Lo que dices me distrae de lo que eres” es lamentablemente el canto a una realidad política en la que las palabras sirven para esconder la verdad, como escudo que protege al político de su vergüenza y corrupción. Efectismo rentable que cuando se desvanece deja desnudo y sin argumentos al burro que hablaba de orejas, como dice el refrán. Algo así les ha pasado a los socialistas, con la supuesta trama inmobiliaria que les ha acabado salpicando. Y es previsible que, por muy inteligente y audaz, por muy rápido y por mucho que siempre vaya un paso por delante, como ha ocurrido con la destitución de Bastarrache, sea lo que pueda pasarle en un futuro a Alberto Ruiz Gallardón. A Gallardón se le critica en unos cuantos artículos de fondo, pero se le elogia esta semana en muchos otros artículos de opinión, a pesar de que se intentara ensuciar su imagen con la publicación de una conversación en la que el presidente-alcalde de Madrid mostraba su solidaridad a los socialistas madrileños: el joven político es diferente a los demás, dicen; es de la derecha progresista; es un renovador que, a diferencia del resto, no se somete cuando no le da la gana a los criterios del partido. Es rebelde, es desobediente... ¿Y si todos los diputados fueran como él? Lo que dices, como actúas... me distrae de quien eres. Y, sea quien sea Alberto Ruiz Gallardón, además de un buen estratega y un hombre paciente y avispado, ambicioso también, aún no sabemos quién es. José María Aznar apuesta por el silencio: su táctica preferida, la del “secreto cuaderno azul”. Se prepara el camino a la sucesión con cambios en los puestos directivos del Partido. Aznar da órdenes: cuidado con hablar del tema hasta la vuelta del verano; agosto es para descansar. Pero se marcha cuatro días a Estados Unidos para despedirse de las comunidades hispanas en Norteamérica y ya se altera el gallinero. Quien más se quiere que hable, calla. Quien sea el que corresponda con el nombre que Aznar pronuncie mucho dirá, sin duda, de quién es el todavía presidente.
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Amalia Casado
Licenciada en CC. Políticas y Periodismo
Máster en Filosofía y Humanidades
Buscadora de #cosasbonitasquecambianelmundo






