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SIN ESPINAS

¡Valiente Gallardón!

Fotografía

Por Javier de la RosaTiempo de lectura2 min
Opinión13-07-2003

La teoría de Gallardón es sorprender hasta aquel que espera ser sorprendido. Es lo que diríamos un buen amante. Sé dice descuidado pero tiene una secretaria que le recuerda muy bien cómo no debe perder detalle. Las flores, la felicitación de cumpleaños, hacer teniente de alcalde a la mujer del presidente y cosas como esas. Las ideas se le ocurren a él, pero ya digo que se las recuerda su secretaria. Gallardón, una de las personas más inteligente que tiene la política española, ya ha aprendido que en su profesión es imprescindible la paciencia. La paciencia es una gran virtud, como la prudencia y la humildad. Lo sabe por experiencia -ya se dió un buen batacazo hace unos años cuando trató de hacerle la Polanca al mismísimo Aznar en 1996-. Sin embargo, parece mentira que siendo tan experimentado y buen amante, Gallardón todavía no sepa que uno no puede casarse con todos. Eso no va bien, es imposible tener contentos a todos en este mundo, por muy bueno que uno sea y por muy alto espíritu de servicio que uno tenga. Sino que le pregunte a los grandes políticos de la historia. Y no me refiero a Churchill, Washigton o Theodore Roosevelt. Me refiero a Ghandi o Jesucristo. Gallardón es un político de nueva generación, de centro, que invita a sus rivales a olvidar los rencores y las sombras del pasado. Esas que todavía separan ideológicamente a las dos españas. Un dirigente que abrirá una nueva etapa en la política de nuestro país. Sabe rescatar los votos de donde no los hay y es capaz de ilusionar a un electorado nuevo y con pocas inquietudes públicas y diría yo que privadas. Pero, pero y pero... El gran pero es la base de un electorado estable, una clase media culta que no está dispuesta a que jueguen con sus principios. Esa que los tiene es la que a largo plazo, por suerte, todavía pone y quita presidentes. Y a esa todavía no la tiene convencida. Se trata de un voto de calidad, imponderable que, amigo, aunque no lo registre nuestro sistema electoral, pesa. En los medios de comunicación, en la banca, en la empresa... Rato tiene mucho de ese poder ganado. Por eso, su equipo tiene oyentes, espías de conversaciones y altavoces varios que pueden difundir interpretaciones creíbles. Cuidado valiente Gallardón.

Fotografía de Javier de la Rosa