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Alemania continúa buscando alternativas para recuperarse

Por Ana Romero VicenteTiempo de lectura1 min
Economía06-07-2003

A Alemania sólo le queda un hierro al que agarrarse, pero éste está demasiado caliente y si no se anda con cuidado podría quemarse. Su situación económica, lastrada por el enorme endeudamiento que la acompaña desde hace años, ha empujado al Gobierno alemán a tomar una medida que es un arma de doble filo. Se trata de una reducción de impuestos: si todo va bien, reactivará la economía. De lo contrario, el déficit del país aumentaría hasta límites insospechados para un país como es éste.

Alemania se encuentra inmersa en una crisis económica desde hace tres años y la situación no tiene visos de cambiar. Al menos este año. Si hace unas semanas el ministro de Finanzas alemán, Hans Eichel, pronosticaba que el 2003 se cerraría con un crecimiento económico del 0,75 por ciento para el país germano, ahora empieza a retractarse de este cálculo. Pero el país ya está llegando a una situación extrema, y así lo reconoce el propio canciller alemán, Gerhard Schröder, que es consciente del estado económico en el que se haya el país que dirige y que lastra al resto de los países de la zona euro. Por eso ha lanzado una nueva propuesta. El plan de reducción de impuestos y subvenciones y más privatizaciones que tenía previsto implantar en el 2005 comenzará a ponerse en marcha a partir del 1 de enero del 2004. Esto se traducirá en un 10 por ciento menos de impuestos que los ciudadanos se ahorrarán y le costará al Estado alemán un endeudamiento de 7.000 millones de euros. Esta reforma fiscal a primera vista parece incongruente, y más si se tiene en cuenta que el déficit alemán el año pasado fue del 3,6 por ciento sobre su Producto Interior Bruto. Pero para Shröder es un riesgo que tienen que asumir en cooperación el Gobierno alemán con el resto de los partidos: “se trata de nuestro país”, afirma el canciller. Con la rebaja de impuestos, los ciudadanos tendrán más dinero, dinero que el gobierno confía sea destinado al consumo y a la inversión. Si esto no es así, todo los planes habrán fracasado y Alemania se verá mucho más endeudada. La participación ciudadana por tanto, va a ser necesaria y tendrá que dejar de lado los prejuicios y miedos.

Fotografía de Ana Romero Vicente