ANÁLISIS DE LA SEMANA
Enamorarse (otra vez)

Por Almudena Hernández
1 min
Sociedad01-06-2003
Dicen que una mujer siempre debe llevar en el bolso un mechero por si el galán de sus sueños le pide fuego. Lo de menos es que fume. Lo importante es el incendio que puede desencadenarse. Hay que estar siempre preparadas, como dice el anuncio de desodorante. Por desgracia, como las de la publicidad, las armas del amor son muchas veces engañosas, teatreras. El amor de locuras está lleno y hace que muchas cosas dejen de ser imposibles, por lo que lo que empieza pidiendo fuego puede acabar en abandono del hábito de fumar. Pero, cuidado, porque el amor, como el tabaco, puede matar. El amor sólo sobrevive con verdades, sin caretas. No vaya a ser que el hombre o la mujer ideal sea un extraterrestre y debajo de la piel... Siempre habrá niños, de dentro y de fuera de España, que querrán tener una familia, como diría otro anuncio televisivo. Es de justicia, como lo es poder ser a uno u otro lado de la frontera. En este o en aquel otro país, donde tiembla igualmente la tierra pero, mientras en un lugar caen los escombros en el otro los rascacielos sólo bailan. El mundo, la realidad tiene contrastes más peligrosos que los que provoca el amor. Dicen también que los extremos se atraen, que en el amor todo es nuevo, que hay que mantener encendido el fuego -no precisamente el del pitillo- para que la vida, esta vida loca con su loca realidad, no parezca tan cruel. Quizás, enamorarse sea el remedio, una solución más fácil que subir al Everest y poder morir en el intento de una foto que no aparece. Mas, si el motivo del ascenso fue el amor, habrá que probarlo de nuevo, pues amar engancha, como el tabaco.
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Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo






