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APUNTES DE BANQUILLO

Cisma por la ‘tele’ y las quinielas

Fotografía

Por Roberto J. MadrigalTiempo de lectura2 min
Deportes01-06-2003

Desde hace un par de temporadas, los clubes de la Liga se han venido cayendo de la burbuja de la abundancia en la que nadaban, a causa del final –el próximo 30 de junio– de los contratos televisivos firmados la década anterior. Ahora, derrochando imaginación, casi todos los equipos piensan en incorporar a más jugadores de cantera, y de fichar, sólo jugadores que cumplan la máxima del bueno, bonito y barato. Pero muy pocos, aún, piensan en cuidar o aumentar su valor patrimonial y social: los clubes, por desgracia, viven demasiado aún de la figura del presidente que utiliza el fútbol para darse a conocer, sobre todo si consigue éxitos, en lugar de tener gestores dispuestos a crear proyectos a largo plazo, a implicarse con las instituciones, con las empresas y con las ciudades. Un trabajo ciertamente delicado, pero que garantiza independencia. Pero no: algunos siguen pensando que cuanto más dinero caiga llovido del cielo, mejor para poder gastárselo. Aunque en una cosa tienen razón: el reparto de las quinielas no revierte en los clubes, que son quienes generan los ingresos. La creación del G-12, un grupo de intereses que conforman Real Madrid, Barcelona, Atlético, Deportivo, Betis, Valencia, Athletic de Bilbao, Real Sociedad, Sevilla, Málaga, Espanyol y Villarreal, obedece a una realidad palpable. El dinero de los ingresos televisivos del anterior contrato se ha gastado sin pensar en el futuro, hasta el punto de que muchos clubes dependían de ellos para poder salvar sus propios desequilibrios dinerarios. Que vengan ahora los que menos riqueza generan y amenacen con parar la Liga es, cuando menos, un sarcasmo. Después de sangrar a las empresas audiovisuales hasta el punto de casi llevarlas a la quiebra, la solución no es seguir exprimiendo la gallina de los huevos de oro, sino, como han hecho muchos, revisar los ingresos en función del rendimiento económico del pago por visión. Y sobre todo, buscarse fórmulas e ingresos alternativos. Cuando la realidad demuestra que sólo al Real Madrid, Barcelona y Atlético les sale rentable el pay per view, no viene a cuento que quienes salen beneficiados, por una solidaridad mal entendida –en plan Fuenteovejuna– renuncien a su trabajo, para eso estamos en la era de la profesionalización. Hacen bien los más débiles en unirse y defender sus derechos para negociar el nuevo contrato, pero no a costa de cargarse la competición, puesto que redunda en su propio perjuicio. Si no hay fútbol, las televisiones ya apostarán por otros deportes. Pero seguro, no será la última crisis: la profesionalización de las estructuras y debe dejarse aún víctimas por el camino. El primer paso, mal que pese a los malos gestores, es ajustar los contratos televisivos: en lugar de quejarse, ahora es el momento de trabajar para crear nuevos servicios, con la premisa de que sean rentables.

Fotografía de Roberto J. Madrigal