ANÁLISIS DE LA SEMANA
Libertad para quejarse

Por Gema Diego
1 min
Economía11-05-2003
El derecho a la pataleta debería ser considerado una necesidad fundamental para el ser humano. La protesta calma el estrés, libera ideas y desempolva neuronas anquilosadas para que vuelvan a funcionar. Los cambios sólo tienen lugar cuando alguien se queja, y así, las disidencias se convierten en el motor del progreso. Si la UE no alzara su voz, la Organización Mundial del Comercio (OMC) no le habría dado permiso para tomar medidas contra las subvenciones que EE.UU. otorga a sus multinacionales. Con lo que EE.UU. seguiría siendo para siempre jamás la potencia mundial por excelencia, y el camino de la vieja pero renovada Europa, apoyada en su cada vez más pujante euro, acabaría en un precipicio ahogado por la expansión estadounidense. La pataleta también es vital en Francia, donde el neoliberalismo está obligando a volver a cuestionarse los logros del Estado del bienestar. El envejecimiento de la población está poniendo en peligro el actual sistema de pensiones, y las reformas que quiere poner en marcha el Gobierno no son del agrado de la población, que se manifestará el próximo 13 de mayo. Los que parece que no tenemos derecho a la queja somos los españoles. El paro ha descendido en el mes de abril (pero probablemente repunte en mayo, al acabarse las vacaciones de Semana Santa) y el Producto Interior Bruto (PIB) ha crecido un dos por ciento en el primer trimestre del 2003. A pesar de la inestabilidad internacional y a que estamos viendo pelar las barbas del vecino francés, parece que en vísperas de las elecciones municipales España va bien. ¿Será que nos quejamos de vicio?






