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APUNTES DE BANQUILLO

Aprender de Gurpegui

Fotografía

Por Roberto J. MadrigalTiempo de lectura2 min
Deportes30-03-2003

A la profesionalidad que constantemente se pregona en el ámbito deportivo, especialmente en el mercantilizado fútbol, se nota que le falta todavía un hervor, vistos los episodios que vienen llegando últimamente desde Bilbao. No se trata de que el Athletic actúe sin motivo –por más que Javier Uría no sea un presidente tan conocido como otros–, pero se demuestra que los escarmientos sólo son útiles cuando llegan en pellejo ajeno. Es de agradecer la solidaridad y el apoyo a un jugador de la cantera –después de todo, ésa es precisamente la filosofía del club, por más que últimamente no suponga demasiadas alegrías–, pero planea una duda: si pasaría lo mismo si el jugador que diese positivo por nandrolona fuese de otro club. Me da la sensación de que no habría esa misma batalla por proclamar la inocencia; entonces, si la justicia no es universal, es que no es justicia. Después llegan los numeritos: primero una rueda de prensa con toda la plantilla del Athletic, que se entiende; después las críticas al proceso, que desde octubre no ha concluido –sino que Gurpegui no juega porque está sujeto a una suspensión cautelar, mientras los comités estudian si su positivo, que lo ha sido, es o no motivo de sanción, que ya está bien–; más tarde fueron los informes para justificar, por la socorrida vía natural, la cantidad excesiva de nandrolona –lo que viene a reconocer el pecado, además de que, como sucede en otros ámbitos, la verdad y la inocencia dependen de quién las pueda manipular con la debida apariencia de credibilidad–, y por último, el órdago: abandonar la directiva de la Federación Española, que por cierto, se queda en una delicada situación. ¿Y cuál es la alternativa? Nadie ha salido a la palestra, que sepa, a defender la vía de lo éticamente correcto: si los errores pasan, que los médicos no están libres, habrá que asumir las consecuencias. Quizá haya que pensar en imponer un correctivo al médico de turno, especialmente si reincide –y no parece el caso de un profesional del prestigio de Sabino Padilla–. Sin embargo, lo que hay que tener es la honestidad de predicar con el ejemplo, aunque sea para un asunto desagradable. Todo lo demás sobra. Y además, piénsenlo ustedes mismos, ¿acaso no es mejor ayudar desde el principio? Sin perjuicio del fregao que supondrá resolver si la cautelar cuenta o no en el castigo que deberá cumplir Gurpegui –lo suyo sería que los meses de sanción se los quiten de la sanción definitiva–, queda claro que la solución sería más elegante. Para empezar. Pero sobre todo, sería el ejemplo de que la lucha contra el dopaje, que tanto se pregona, no se queda sólo en la palabrería.

Fotografía de Roberto J. Madrigal