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ANÁLISIS DE LA SEMANA

PP: Cada vez más difícil de vender

Fotografía

Por Amalia CasadoTiempo de lectura3 min
España23-02-2003

Hay quienes dicen que el Gobierno da marcha atrás en sus posiciones frente a la guerra de Irak, que si estuvo a punto de apoyar un ataque unilateral de Estados Unidos contra Irak y habló de la defenestrada “guerra preventiva”, ahora ha cambiado su discurso aceptando el límite de las resoluciones de Naciones Unidas. Otros piensan que el Gobierno sólo está redirigiendo su discurso formalmente para que la sociedad comprenda lo que quiere decir porque en los inicios de este asunto internacional no explicó las cosas como debía. Aquí hay un poco de ambas cosas: la estrategia de comunicación del Gobierno ha fallado, y también ha reculado en sus posiciones frente a una guerra que la sociedad española no comprende y no acepta, con o sin razón. Cierto es que el asunto es tan serio que, si hay razones, deben mostrarse a los ciudadanos con absoluta claridad para que no admitan discusión. Aznar, después del encuentro este fin de semana con George W. Bush, se va a convertir en una especie de embajador de los intereses estadounidenses para la Unión Europea, y durante toda esta semana mantendrá entrevistas con los altos mandatarios europeos para procurar restituir la unidad internacional respecto del conflicto con Irak. Eso impresiona bastante porque en España no se está acostumbrado a tener una importante presencia internacional. El tiempo dirá si el Gobierno de Aznar está hipotecando el futuro de este país o si le está haciendo un favor. Lo que suceda de aquí hasta las elecciones generales de 2004 puede convertir las decisiones tomadas desde convicciones personales de Aznar en un éxito o en un fracaso. Pero, mientras tanto, las elecciones municipales y autonómicas serán las que tomen el pulso a corto plazo a una opinión pública que tendrá muy presente en su memoria asuntos como el desastre del Prestige. Muchos siguen acusando al Gobierno del desastre, otros tantos –sería bueno saber cuántos- comienzan a considerar exageradas las acusaciones. Y el acusador que no sabe medir las críticas puede resultar cruel para un electorado que emite votos mucho más inteligentemente de lo que algunos creen. Así, el Prestige podría acabar siendo un mal recuerdo, borroso, en la memoria colectiva de los españoles que no lo han sufrido de cerca, mientras que los éxitos cosechados en la lucha contra ETA, que se incrementan semana a semana, estarán muy presentes en la memoria de muchos. Cierto es que el apoyo del PSOE al Gobierno en el seno del Pacto Antiterrorista, que sigue ampliando las medidas para combatir el problema que más preocupa a los españoles, ha sido fundamental. Pero después del 11-S, también hay acciones que han servido para dar a conocer la situación de ETA en España a muchos países de la Unión Europea que desconocían la gravedad del problema, y que consideraban a ETA como un simple grupo independentistas y no como una banda terrorista cruel y execrable. Y mucho de ello es obra del Gobierno y de su trabajo en las relaciones internacionales. El Gobierno y el Partido Popular saben que terrorismo e inseguridad ciudadana son los temas que más preocupan al electorado, como muestran las encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas. Por eso, la campaña electoral está bien encaminada y quiere ahondar en el segundo de esos problemas. Respecto a la inseguridad ciudadana, el Gobierno se vuelve a marcar un tanto, y sigue trabajando con vistas a 2004. Esta semana se ha aprobado la oferta de empleo público más grande que se conozca desde hace 10 años. Se crean miles de nuevos puestos de trabajo para la Policía y la Guardia Civil, destinados a combatir la inseguridad ciudadana y a colaborar en la lucha contra el terrorismo. No serán una mala baza electoral, pero al PP le va a resultar cada vez más difícil vender sus éxitos en la gestión de los problemas de España.

Fotografía de Amalia Casado

Amalia Casado

Licenciada en CC. Políticas y Periodismo

Máster en Filosofía y Humanidades

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