SIN ESPINAS
Rajada de Rajoy

Por Javier de la Rosa
2 min
Opinión09-12-2002
Rajoy ironizó cuando le preguntaron que le parecía la posible entrada de Ana Botella en política. “Mire usted, -contestó con ademán aznarín- lo único que se me ocurre decirle es que me puede beneficiar a mi en la carrera por la sucesión”. El vicepresidente primero y portavoz del Gobierno consiguió arrancar la carcajada de todos los periodistas apostados en la sala de prensa de La Moncloa. Pocas semanas después, su presidente le mandaba a quemarse con el chapapote del Prestige en las costas gallegas. “La tarea será difícil, mi querido Mariano. Pero ten en cuenta que si sales victorioso de la catástrofe, tendrás tu espaldarazo definitivo. Y si no, acuérdate de Schröder en las inundaciones alemanas o Giulianni con las Torres Gemelas. Yo, ya sabes, estoy sólo para despachos ovales o cumbres internacionales”. En esta crisis, Rato, Zaplana o Mayor sólo han visto el fuel en la gasolinera. Mientras que Arenas y Cascos han sido los encargados de prender el combustible para que la actitud de los socialistas no quede impune. Después de unas semanas en las que sólo ha ejercido de Mario Picazo, o sea, de hombre del tiempo, Rajoy ha terminado convirtiéndose en un experto en la materia -en el país de los ciegos el tuerto es el rey- y ha justificado con notable solidez la imposibilidad de haber gestionado la crisis algo mejor. Se han cometido muchos errores, pero no tantos como ha vendido la maquinaria orquestada de Prisa. Como diría Fraga, el mayor lastre de Zapatero en esta caza de brujas. El otro día ante la comisión mixta para la UE, dos horas de rajada y la extraordinaria capacidad parlamentaria de Rajoy, lejos de conseguir convencernos de los aciertos del gobierno, evidenció el cataclismo que nos hubiera sobrevenido de estar Zapatero al mando del ejecutivo. Rajoy ganó por KO y a los puntos, en cada uno de los puntos. Mientras que Zapatero, con su disco rallado de Operación Triunfo, demostró que sigue siendo el mejor delfín de Aznar. Para desgracia de nuestra democracia.






