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Sin Concesiones

Cifuentes y la rabia

Fotografía

Por Pablo A. IglesiasTiempo de lectura5 min
Opinión26-04-2018

Proclama el refrán que muerto el perro, se acabó la rabia. Así suele ser con el virus que infecta a los animales y así debería ser con la plaga de la corrupción que contagia a muchos de nuestros políticos. Si realmente fuera así, acabada la carrera política de Cristina Cifuentes debería concluir también la crisis de credibilidad que ha destrozado al Partido Popular de Madrid. Sin duda, así ocurrirá con el Máster que obtuvo en el Instituto de Derecho Público de la Universidad Rey Juan Carlos. Tras abandonar el poder, ningún periodista tendrá interés en indagar lo que realmente sucedía en el chiringuito educativo del profesor Enrique Álvarez Conde. La investigación judicial sobre la falsa acta de su Trabajo de Fin de Máster tampoco llenará más páginas de periódicos pese a la existencia flagrante de un delito. Y los dossieres con chismorreos sobre la vida privada de la expresidenta de la Comunidad de Madrid irán directos a la papelera. Conseguido su objetivo, ya no sirven de nada. Exactamente igual que sucedió con el exministro canario José Manuel Soria. Asesinado el político de turno, desaparece el problema que entrañaba.

El ataúd estaba preparado y sólo faltaba en la lápida la fecha de defunción que decidiera Rajoy

En clave política el perro está muerto, y bien muerto. Antes incluso de que Cifuentes anunciara su renuncia al cargo. La dirigente madrileña era un zombie institucional desde hace dos semanas por su falta de explicaciones, sus contradicciones y casi demostradas mentiras sobre el Máster de la URJC. Mientras su compañero Pablo Casado tardó apenas 24 horas en explicar un título similar cuando se vio cuestionado, ella ha sido incapaz durante un largo mes de hacer un relato mínimamente creíble de su paso por dicha universidad. Ahí radica una de las diferencias. Tanto es así que alrededor de Cifuentes admitían hace días que el ataúd político estaba preparado y que en la lápida sólo faltaba escribir la fecha de defunción que decidiera Mariano Rajoy. Incluso algunos de sus amigos más cercanos reconocían que había mentido y que la única salida posible era resistir a la espera de un milagro. El milagro no llegó y la Comunidad aguarda ya para investir a su sexto presidente de la democracia. ¿Pero qué ha sido de la rabia? ¿También ha desaparecido?

Para la oposición, la amenaza vírica permanece porque tanto PSOE como Podemos y Ciudadanos diagnostican una pandemia de corrupción en Madrid. Aducen que la rabia está extendida por todo el PP y que sus consejeros, diputados, concejales y miles de militantes son un mismo perro con collar compartido. Para la prensa que ha conseguido matar a una presidenta autonómica, como años atrás provocó con idéntica estrategia el suicidio público de un ministro, Cifuentes será otra cabeza disecada que colgar de la pared de trofeos. Para su propio partido, la lideresa a la que peloteaban hasta marzo ha pasado a ser en abril otro garbanzo negro más del que avergonzarse. Para los ciudadanos, la rubia de larga melena será recordada por los memes, chistes y mofas surgidos durante su agonía, que han saltado de móvil en móvil a la velocidad de la pólvora y que han contribuido a destrozar la imagen casi impoluta de la que gozaba.

Cifuentes ganó y comenzó a levantar alfombras, como la del Canal de Isabel II o la ciudad fantasma de la Justicia

El máster será a Cifuentes lo que el confeti a la exministra Ana Mato, pese a que el político corrompido era su exmarido. También será lo que la crisis económica a Zapatero... Lo que la guerra de Iraq a Aznar... Y lo que el GAL a Felipe González. La extraordinaria diferencia entre ellos es que los expresidentes perdieron el Gobierno tras errores propios de gestión al frente de España. Sin embargo, Cifuentes sale catapultada de la Comunidad de Madrid por un estudio universitario cursado tres años antes de presentarse a las elecciones y dos cremas hurtadas en 2011 en un supermercado. Ni sus adversarios políticos ni sus enemigos internos (que en el pasado fueron sus mejores amigos) han conseguido destronarla por su labor en la Puerta del Sol. Han tenido que rebuscar en su pasado más oscuro para encontrar munición contra ella. Quienes tanto la odian no militan en Podemos ni en el PSOE ni mucho menos en Ciudadanos. Cuidado, a estas alturas tampoco en el PP. Están fuera de esas siglas porque ellos mismos se excluyeron con imputaciones judiciales. También porque Rajoy prescindió de alguno y porque Cifuentes apartó a los demás cuando tomó las riendas tras ganar en 2015. Son los mismos que durante la campaña electoral previa le hicieron la vida imposible porque no querían que ganara. Pero ganó y comenzó a levantar alfombras, como la del Canal de Isabel II o la ciudad fantasma de la Justicia.

Hoy algunos de los grandes corruptos y chantajistas de España brindan con champán

Cifuentes ha muerto pero, con su dimisión, la rabia no ha disminuido. Al contrario, estos días hay expolíticos y empresarios poderosos brindando con champán porque han acabado con una de sus amenazas. Esto no exime de culpabilidad a la expresidenta de la Comunidad de Madrid, que sin duda ha cometido irregularidades censurables desde el punto de vista ético en esta nueva era de la transparencia y la ejemplaridad, que bienvenida sea. Pero mientras ella pasa a ser un cadáver político y -paradojas de la vida- dirime si vuelve a su plaza de funcionaria en la universidad, algunos de los grandes corruptos y chantajistas de España esbozan una sonrisa, brindan con champán o acarician un gatito, como ahora dicen los millennials. Ya no hay perro pero los rabiosos más peligrosos puede que hayan ganado esta batalla.

Fotografía de Pablo A. Iglesias

Pablo A. Iglesias

Fundador de LaSemana.es

Doctor en Periodismo

Director de Información y Contenidos en Servimedia

Profesor de Redacción Periodística de la UFV

Colaborador de Cadena Cope en La Tarde con Ángel Expósito