Esta web contiene cookies. Al navegar acepta su uso conforme a la legislación vigente Más Información
Sorry, your browser does not support inline SVG

ANÁLISIS DE INTERNACIONAL

Por el interés te quiero, Andrés

Fotografía

Por Isaac Á. CalvoTiempo de lectura3 min
Internacional08-01-2018

Ya lo dice el refrán: "Por el interés te quiero, Andrés". Lamentablemente, es una realidad que queda patente en la mayor parte de la población y en todos los ámbitos de la vida, ya sean personales, laborales, económicos... y, cómo no, políticos, incluido en su ámbito internacional.

Uno de los casos más recientes está en la distensión que Kim Jong-un ha ofrecido a sus vecinos de Corea del Sur. El líder norcoreano ha reabierto la llamada línea caliente (que no erótica) que conecta ambas Coreas desde el conflicto bélico (1950-1953) que ahondó la división de la península coreana, acordada tras la Segunda Guerra Mundial. De hecho, ambos países se mantienen técnicamente en guerra. Además, ha aceptado el encuentro bilateral de este martes. 

Aunque todo es posible, no se conoce que Kim Jong-un tenga un trastorno de bipolaridad. Por tanto, que en pocas semanas haya dejado de amenazar con la destrucción a sus vecinos del sur para pedir conversaciones e iniciar un acercamiento, demuestra que Kim tiene intereses que le llevan a hacer este gesto.

Hay teorías que apuntan a que se debe a que el régimen norcoreano quiere enviar una delegación deportiva para que participe los Juegos Olímpicos de Invierno que se celebran en Pyeongchang (Corea del Sur) dentro de unas semanas. Sin embargo, es de suponer que hay algo más, oculto, en la petición de Kim.

No es la primera vez que Corea del Norte usa la táctica de ofrecer diálogo y cooperación a Corea del Sur, pero, hasta ahora, todos los acercamientos han fracasado de manera estrepitosa. Realmente, al líder norcoreano no le interesa la vida de su pueblo y ni mucho menos la de sus vecinos del sur. El principal objetivo de Kim Jong-un es su propia supervivencia en el poder y que este lo herede alguno de sus hijos, como él mismo hizo de su padre, Kim Jong-il, y este a su vez de su padre, Kim Il-sung (abuelo del actual dirigente).

Por tanto, un acercamiento real y desinteresado hacia Corea del Sur, desde 1950 considerada como enemiga, sería interpretado como un gesto de debilidad. Además, supondría una amenaza para el objetivo vitalicio de Kim Jong-un, ya que es, prácticamente, imposible que tuviera cabida en un hipotético gobierno conjunto de la península coreana.

Aun así, los diferentes gobiernos que ha tenido Corea del Sur a lo largo de su reciente historia han picado el anzuelo que les lanzan desde el norte. Los surcoreanos todavía viven la utopía de la reunificación de Corea, con un solo estado y en donde la población sea coreana (al fin y al cabo no deja de ser un pueblo que fue separado por la Guerra Fría y por una contienda civil).

Sin embargo, el tiempo ha demostrado que este sueño no es posible mientras que los Kim y sus sucesores se perpetúen en el poder. Las esperanzas surcoreanas estaban puestas en un cambio de régimen cuando murieron Kim Il-sung (1994) y Kim Jong-il (2011), pero la llegada de Kim Jong-un, con su continuismo y su desarrollo de armas atómicas, hace cada vez más difícil alcanzar acuerdos. Por tanto, Corea del Sur podría aplicarse el dicho de "la primera vez que me engañes será tu culpa, la segunda ya será mi culpa".

Fotografía de Isaac Á. Calvo

Isaac Á. Calvo

Licenciado en Periodismo

Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación

Editor del Grupo AGD