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EL REDCUADRO

Los ¬fumetas¬

Por Antonio BurgosTiempo de lectura2 min
Opinión03-06-2001

Como ángeles rebeldes, mas políticamente correctos, le enmendamos la plana a Dios cada día. Si Moisés apareciera ahora con sus tablas en el Sinaí, no digo que esas tablas fueran de surf, pero quizás llevarían diez mandamientos distintos. Pondrían: "No matarás ni robarás, salvo que te llames Vera o Barrionuevo y lo pactes". O: "No fornicarás si en tu autonomía no dan gratis la píldora del día después". Esta sociedad tan laica y permisiva se ha inventado nuevos pecados. Dicen que el infierno no existe, pero mandamos allí a cuantos contravienen los nuevos dogmas civiles. La infalibilidad del Papa es la duda de una loca haciendo ganchillo al lado de la infalibilidad del editorialista del Boletín Oficial del Polanquerío. Y nada digo de la infalibilidad de Arzalluz en vascongada materia: sólo le falta la silla gestatoria. Nada como el nuevo mandamiento de la salud. En las nuevas tablas de Moisés pone: "No fumarás". Para que cumplamos el mandamiento, los obispos civiles nos amenazan con penas del infierno en las zonas de no fumadores. Hay que remontarse al nacional-catolicismo para encontrar este fervor colectivo del mundial-antitabaquismo. No obstante, veo que falta la palabra exacta para clavar la condena y reprobación social del fumador. Tanto dinero gastado contra el tabaco (y a los agricultores de Extremadura que les vayan dando), pero no han encontrado el adjetivo que descalifique socialmente al que fuma. La lengua es muy punitiva contra el que bebe, el que duerme mucho, el que come, pero no contra el que fuma, porque no hay penitencias verbales para los nuevos pecados. El que bebe mucho es borracho, bebedor, dipsómano, beodo, curdela. El que come mucho, glotón, tragaldabas, tragón, o, por lo fino, heliogábalo. El que mucho duerme, dormilón, lirón, marmota. Pero al que fuma le llaman sól! o fumador. Si fuma mucho, todo lo más "compulsivo", máximo grado de condena que ha logrado crear la lengua castellana, desplazando al "empedernido" de antes. A lo más que llega la lengua es a decirnos que fumamos como carreteros, que son unos señores bastante respetables. Lo cual comunico para consuelo de fumadores, que en la reciente jornada de los fastos mundiales contra el tabaco hemos sido presentados como delincuentes sociales, como marginados, como suicidas, como apestados, como herejes en materia de los nuevos dogmas. Nos queda sin embargo, a nuestro favor, intacto, el prestigio lingüístico del tabaco. Ahí todos son de nuestro bando. Los muchachos que riñen al padre por el cigarro disfrutan empero fumándose la clase de Matemáticas. Cuando un no fumador rechaza algo, dice: "Eso es infumable". Hoy por hoy, lo más que pueden llamarnos es fumetas. Pero verán cómo pronto nos inventan un calificativo más infamante que borracho. Lo mandan los nuevos mandamientos de la Santa Sociedad Sana y Políticamente Correcta.

Fotografía de Antonio Burgos

Antonio Burgos

Columnista del diario ABC

Andaluz, sevillano y del Betis

** Este artículo está publicado en el periódico ABC y posteriormente recogido de AntonioBurgos.com por gentileza del autor