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ANÁLISIS DE INTERNACIONAL

Made in USA

Fotografía

Por Isaac Á. CalvoTiempo de lectura3 min
Internacional23-01-2017

La toma de posesión de Donald Trump como presidente de Estados Unidos no tuvo grandes sorpresas. El nuevo inquilino de la Casa Blanca mantuvo su discurso en el que destacan el nacionalismo y el proteccionismo.

Los habitantes de Estados Unidos siempre han tenido un alto concepto de su nación, independientemente de que estuvieran en una de las grandes metrópolis del país o en un pequeño pueblo rural del interior. Todos se consideran estadounidenses y es raro el sitio o la casa en donde no ondea la bandera de las barras y estrellas. Ahora, este sentimiento patriota va a ser llevado a la máxima expresión, si Trump hace lo que tiene previsto.

El nuevo máximo mandatario quiere que Estados Unidos prime por encima de todo: que los productos que se consuman sean estadounidenses, que los trabajadores sean de allí, y que las infraestructuras y todo lo que haga falta sea made in USA. Sin embargo, esto es muy fácil de decir, pero es difícil de conseguir y puede poner en riesgo la actual fortaleza del país. Precisamente, en la mezcla está la riqueza, y descartar productos, servicios o mano de obra procedente de fuera, simplemente por ese hecho, es un error, ya que no todo lo de Estados Unidos es siempre lo mejor.

Además, es necesario observar hasta qué punto afecta a los precios que todo se produzca en Estados Unidos. Si ya hay productos, por ejemplo, de Apple que están "diseñados en California, pero montados en China", por aproximadamente 800 dólares, habría que ver cuánto costarían si todo el proceso se desarrolla en territorio estadounidense. También sería conveniente analizar si la gente estaría dispuesta a soportar un incremento considerable de los precios solo por el hecho de que lo que compra esté fabricado en su país, porque a la población, en general, le gusta lo propio hasta que le tocan el bolsillo.

Apostar solo por la mano de obra estadounidense también afecta a la inmigración. Trump quiere poner trabas a los que llegan, pero parece olvidarse de que los inmigrantes ayudan a que Estados Unidos se desarrolle. La inmensa mayoría de los que acuden al país van a trabajar duro y a esforzarse para progresar (ese progreso propio acaba repercutiendo en el conjunto de la sociedad), al tiempo que están agradecidos por haber sido acogidos. Evidentemente, aquellos que se dediquen a la delincuencia deberán pagar por ello, pero estigmatizar a todos por una minoría no es de recibo.

En cuanto a las relaciones internacionales, Trump apuesta por recuperar viejas alianzas y establecer otras nuevas. Eso sí, el nuevo presidente hizo hincapié en que, a partir de ahora, Estados Unidos solo intervendrá en los lugares o asuntos en los que esté interesado y le reporten algún tipo de beneficio. Como si lo que hubiera estado haciendo hasta ahora la Casa Blanca no se hubiera basado en el interés. Trump corre el riesgo de querer obtener réditos a muy corto plazo, pero en política exterior, la mayoría de las veces, se siembra para recoger los frutos mucho más adelante.

De todos modos, por mucho que Trump quiera, en un mundo tan interrelacionado, con tantas conexiones en todos los ámbitos y niveles, es muy difícil, por no decir imposible, cortar o restringir las relaciones y encerrarse en sí mismo, aunque se trate de Estados Unidos y se tenga todo su potencial.

La toma de posesión de Donald Trump no sirvió para disipar la incertidumbre, pero sí para que sus seguidores se sintieran satisfechos e ilusionados con lo que oían y mantengan la esperanza ante el nuevo tiempo que comienza. Mientras tanto, los que no votaron a Trump esperan que la Presidencia sea lo menos traumática posible tanto para su país como para sus habitantes.

Eso sí, algunos siguen protestando airadamente por la llegada del magnate a la Casa Blanca. Son los conocidos como nuevos demócratas, que defienden las elecciones cuando gana su candidato y se manifiestan enérgicamente si no consiguen lo que quieren. Creen que tienen superioridad moral e ideológica y tratan de desprestigiar a los que no piensan como ellos, pero cuyo voto vale lo mismo que el suyo, por mucho que les duela.

Fotografía de Isaac Á. Calvo

Isaac Á. Calvo

Licenciado en Periodismo

Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación

Editor del Grupo AGD