ANÁLISIS DE CULTURA
Kafka y el vacío actual

Por Marta G. Bruno
3 min
Cultura28-11-2016
El término “populismo” comienza a llenar las pantallas de nuestros dispositivos electrónicos y periódicos en los últimos meses con una lógica que sólo la cruda realidad es capaz de transmitir. Es la semana de la muerte de, según los tópicos que no paramos de leer y escuchar “el último referente del siglo XX”, cosa menos cierta que sí el último peón de la Guerra Fría, de la que ¿hemos conseguido salir? Tengo mis dudas.
Es el mes de la victoria de Trump, el de la muerte de Castro y el de la publicación de la biografía sobre Kafka. No sé si la definitiva, pero dado que hoy es difícil encontrar verdaderos pensadores –estoy convencida de que las últimas tecnologías tienen la culpa de que falten grandes cerebros filosóficos que mediten ensayos realmente buenos–, sí, Kafka tiene otra llave más de la mano de Reiner Stach.
El recién elegido presidente de los Estados Unidos se frotaba las manos con la muerte del dictador y resoplaba ante sus nudillos para escribir otra bomba de relojería en forma de palabras en Twitter. “Si Cuba no se muestra dispuesta a ofrecer un mejor acuerdo para los cubanos, para los cubanoamericanos y para el pueblo estadounidense en general, liquidaré el acuerdo”. Sería Kafka el adecuado para el análisis del personaje, dada su lírica explicativa del nihilismo y desarraigo del ser humano contemporáneo, ahogado en sus propias penas y vete a saber de las de al lado.
Los más pesimistas soñarán con un mundo desalmado y más cercano al apocalipsisKafka esté quizás demasiado encasillado en esa visión tan dura del ser. Pero Reiner Stach ha escrito para dejar entender al común de los mortales que el autor de La metamorfosis no es como parece. Dos décadas de investigación han dado para 2.000 páginas sobre el autor prohibido durante el nazismo. ¿Será capaz alguien de volver a prohibirlo? Los más pesimistas soñarán con un mundo desalmado y más cercano al apocalipsis.
La vida es hoy como El proceso, con un sistema que no conseguimos conocer del todo, como el Tribunal en el que el investigado se pierde entre niveles, en el que uno ya no sabe ni de lo que le juzgan. De lo absurdo y angustioso que puede llegar a ser un acontecimiento para alguien.
El derecho a la presunción de inocencia suena tan bien que es imposible de creer. ¿De qué sirve el sacrificio si el resultado es absurdo?Todo fue aparentemente fácil para Fidel Castro. Murió de viejo, consiguió lo que aparentemente quiso y disfrutó de lo que su población no hacía. Los importantes no le dieron la espalda. Al menos no los suficientes como para dejar de creer en sus axiomas. Sin ánimo de realizar simples analogías, el escaso tiempo transcurrido entre su muerte y la de Rita Barberá hace reflexionar sobre lo que dejaba escrito Kafka en sus escritos. La lógica del absurdismo. Con sus más y sus menos, la ex alcaldesa de Valencia entregó su vida a la política para darle un sentido absoluto a sus esfuerzos. “Alguien tenía que haber calumniado a Josef K., pues fue detenido una mañana sin haber hecho nada malo”, escribe Kafka en El Proceso. Quién sabe si de verdad lo hizo. Pero las enseñanzas de Kafka dejan claro algo: una vez arranca la maquinaria judicial, la probabilidad de inocencia queda en agua de borrajas. El derecho a la presunción de inocencia suena tan bien que es imposible de creer. ¿De qué sirve el sacrificio si el resultado es absurdo?
Y hoy es imposible saber lo que pasará, ni si de verdad triunfará el populismo frente a las formas de política practicadas en las últimas décadas en Occidente. Hay tal avalancha de datos que somos incapaces de digerirlos. Todos unidos son incomprensibles y nos llevan sin remedio a un vacío de significado. Kafka es aún tan incomprensible como el sistema que describe. Tan sólo nos queda ver y aportar en la medida de lo posible.
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Marta G. Bruno
Directora de Cultura de LaSemana.es
Licenciada en Periodismo
Estudio Ciencias Políticas
Trabajo en 13TV
Antes en Intereconomía TV, La Razón y Europa Press






