ANÁLISIS DE SOCIEDAD
El cuaderno escondido

Por Almudena Hernández
2 min
Sociedad09-11-2016
No recuerdo que haya dejado muchas veces los deberes sin hacer. Y, atención, tampoco fui una alumna brillante. Sólo sé que en una ocasión, y no era muy mayor, me cayó una buena bronca de la profesora por no entregar las tareas que había pedido, hasta el punto de que llamó a mi madre para que tuviese constancia de ello.
Resulta que otra niña había escondido mi cuaderno. La cría pensó que, si ella no era la única que no hacía los deberes, su responsabilidad se diluía por el Universo. Pero no fue así. Al final se descubrió el pastel y cada cual aguantó su vela.
El llamamiento que ha hecho Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres del Alumnado (Ceapa) para hacer una huelga de deberes durante los fines de semana de noviembre en los centros públicos de varias comunidades autónomas me ha recordado aquella vieja anécdota que viví en primera persona y que, parece que no, me hizo más responsable.
En primer lugar, porque desde casa (pocas veces mis padres me ayudaron con las tareas) se escuchó inicialmente la denuncia de la profesora, pero también se creyeron mis argumentos; y en segundo lugar, porque a la vista de los datos de fracaso escolar y de valores que rigen la moral social española, la propuesta está como para ponerla en cuarentena.
No es bueno generalizar en estas cosas, porque seguro que algún profesor se pasa y manda ejercicios inútiles que hacen malgastar el tiempo a los chavales, pero también hay que entender a muchos profesores, que trabajan en unas condiciones poco aconsejables ¿Que los padres les digan a los niños que deben desobedecer a su maestro no creará un precedente para otras órdenes posteriores?
En realidad, tras la huelga de deberes (ojo a la palabra, deber implica responsabilidad, no un castigo) hay otro debate: el de la conciliación; el del poco tiempo que los padres pasan con sus hijos; el de qué se entiende por compartir en familia ‘tiempo de calidad’.
Desde pequeños hay que aprender a que existen derechos, pero también obligaciones, como no pocos pequeños que ya se han iniciado en el hábito de la responsabilidad demuestran a diario sacando los colores a los adultos con la mínima contradicción que encuentren en sus órdenes.
El debate está también en esas jornadas laborales que limitan la vida personal, sí, pero también en si, en el caso de poder estar antes en casa, los padres preferirían tirarse al suelo a jugar con sus hijos o dejarles ensimismarse ante la pantallita de un dispositivo electrónico, o si el tiempo ganado a los ejercicios del profesor de turno es mejor vendérselo al diablo de un botellón precoz, algo, cuyas consecuencias, suelen ser peores que la inocente treta de esconder el cuaderno a un compañero para que no haga los deberes del cole.
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Almudena Hernández
Doctora en Periodismo
Diez años en información social
Las personas, por encima de todo






