ANÁLISIS DE INTERNACIONAL
Justicieros

Por Isaac Á. Calvo
2 min
Internacional07-11-2016
A la hora de impartir justicia hay, principalmente, dos corrientes de opinión: Una de ellas pretende que las prisiones tengan un carácter reeducativo y trabajen por la reinserción social de los presos. La otra aboga por castigar severamente a los criminales, ya que desconfía de la reinserción, cree que las malas acciones deben tener sus consecuencias y defiende que las condenas duras poseen un efecto disuasorio previo.
Ambas tienen sus partidarios y sus detractores. Los primeros creen que estar privado de libertad es más que suficiente para hacer que el reo reflexione sobre su actividad delictiva. En este sentido, las cárceles cuentan con programas de reinserción y con actividades específicas encaminadas a ese fin. Además, paulatinamente, el interno va alcanzando metas y dando pasos progresivos hacia su libertad total, mediante permisos temporales.
Sin embargo, los que defienden que la Justicia debe ser un castigo creen que el modelo anterior es demasiado blando. Por esta razón, son partidarios de reducir las comodidades en las cárceles y de que los reclusos estén más controlados, cumplan la totalidad de sus penas y no tengan permisos temporales.
El problema se agrava cuando las leyes y el sistema judicial fallan, o sencillamente no funcionan como deben, algo que desconcierta a los partidarios de la reinserción y que enfada notablemente a los castigadores.
Numerosos medios de comunicación se están haciendo eco del suceso en el que una persona abatió a tiros a los cuatro atracadores que le estaban robando a él y al resto de pasajeros del autobús en el que viajaban en México. Las Fuerzas de Seguridad buscan al ejecutor de la matanza, pero este hecho está generando controversia. En un lado, están los que creen que la Policía y la Justicia son los que deben ocuparse de perseguir y juzgar a los delincuentes. En el otro, se sitúan los que no ven mal la acción ocurrida, pues están hartos de tanto crimen e inseguridad y opinan que las autoridades no están haciendo el trabajo que les corresponde.
Pero no hay que irse tan lejos para encontrar casos cercanos que avivan el debate. En España, una persona condenada en 2005 a 26 años de prisión por un delito sexual aprovechó su tercer permiso penitenciario para robar, violar y apuñalar a una mujer en Barcelona.
Ahora, seguro que el juez que le concedió el permiso, los psicólogos que lo avalaron y la sociedad se llevan las manos a la cabeza, pero las puñaladas que recibió la víctima y las secuelas físicas y mentales que tendrá de por vida no se las quita nadie.
Este tipo de sucesos, ocurran en México, en España o en cualquier parte del mundo, reabre el debate sobre el funcionamiento de la Justicia y la aplicación de las leyes. Cuando el sistema falla, la población puede creerse indefensa y desprotegida. Este hecho no es baladí, ya que se crea una sensación de impunidad y se corre el riesgo de que cada uno se tome la justicia por su mano.
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Isaac Á. Calvo
Licenciado en Periodismo
Máster en Relaciones Internacionales y Comunicación
Editor del Grupo AGD






