ANÁLISIS DE ESPAÑA
¿A quién le importa el desarme de ETA?

Por Alejandro Requeijo
2 min
España07-11-2016
El error de ETA es pensar que al Estado le importa algo su desarme. Al menos que le importa tanto como para variar su estrategia en busca de la foto de un montón de armas apiladas en una campa. Lo que no entiende la banda es que esa imagen, en caso de ser pactada, no reforzaría en nada la teoría de la derrota policial. Dicho de otro modo, entre un lote de armas o detener a ‘Josu Ternera’, el Estado preferiría lo segundo, aunque ambas cosas sean ya una pieza de museo. Y si mientras eso se produce, entre medias se desarticula un zulo con 145 pistolas en su interior como el de hace unas semanas al norte de París, mejor que mejor. Y si entre medias se descabeza por enésima vez a su cúpula, mejor que mejor. No hay prisa. “Si no nos la entregan ellos, se las quitamos nosotros”, celebran en el Gobierno. Es la batalla del relato, estúpidos.
Lo cierto es que al Estado no le importa el desarme o, cuanto menos, lo considera algo secundario teniendo en cuenta que ETA no volverá a usar esas armas por la cuenta que le trae a su brazo político, acostumbrado ahora a la moqueta de las instituciones. No es por tanto, como dice Otegi, que al Estado le interese la confrontación. Eso es una frivolidad propia de quien se fue a tomar el sol a la playa el día que todo el mundo tenía el corazón en un puño por Miguel Ángel Blanco. Al Estado le da igual el desarme porque el reloj corre en contra de ETA y sus 400 presos, cada día más olvidados. Cada día que pasa sus armas pierden valor, tanto simbólico como operativo. Repartidas a lo largo de una red de zulos por la geografía francesa, su estado de conservación no es el más adecuado en caso de un poco previsible regreso a la violencia.
Si ETA no ha entregado aún las armas es porque quiere sacar algo a cambio. Si tuviese intención de entregarlas, ya lo habría hecho. Si, como dicen, no pueden hacer acopio porque les detienen, basta con que indiquen la dirección a través del diario Gara. En lugar de eso, ETA mandó recientemente una “nota” (ya no tienen ni para comunicados, lo siguiente será un tuit) prometiendo “nuevos compromisos” en eso del sellado de zulos y tal. Suena a excusa barata de mal pagador, cinco años después del cese. “Nueva redada frente al anuncio de ETA de nuevos compromisos”, tituló Gara el arresto del último jefe etarra Irastorza. Algo parecido dijo cuando se detuvo a la última cúpula que decretó el alto el fuego. Este enfoque denota el error que suponía pensar que una banda terrorista tuviese que recibir premio alguno por dejar de matar. Mientras exista la posibilidad de detener etarras para, por ejemplo, esclarecer atentados, ¿a quién le importan unas armas viejas que ya nadie va a volver a usar?






